Meses atrás, a raíz del asesinato de un taxista en Boston, sus colegas resolvieron trabajar una jornada entera a beneficio de la viuda y los hijos de la víctima. Los taxis de la ciudad estadounidense lucieron ese día carteles con la foto del taxista asesinado con leyendas que clamaban por más seguridad en las calles. El efecto de la movilización fue notable. Por un lado consiguieron aportarle una fuerte suma de dinero a la familia del taxista, y por otro lograron que las autoridades adoptaran medidas de seguridad. Es un ejemplo a seguir por nuestros taxistas que, ante el salvaje asesinato de un colega, sólo atinan a suspender el servicio lo que genera enormes perjuicios a la población y poco aporta a la familia del muerto. El caso de Boston prueba que el paro no es la única respuesta posible.