ALEXANDER LALUZ
"Claramente me inspiró el mensaje de armonía divulgado por John (Lennon)", dijo Ringo Starr al diario británico Daily Telegraph. Y no estaba defendiendo una idea abstracta, ni cumpliendo con corrección ante la figura de su ex compañero.
Fue la justificación más atinada de su último trabajo solista, Y not, que salió al mercado a mediados de este mes. Un proyecto que -aclaró el veterano baterista- lleva su sello hasta en los últimos detalles, ya que tuvo por primera vez bajo su control todo el proceso de producción.
Pero el valor agregado (o quizás el valor más destacable) de Y not está en el ya celebrado aporte de Paul McCartney, que tocó el bajo en Peace dream, que está oficiando como punta de lanza en la difusión del disco. El texto y la música de esta canción, afirma Starr, fueron creadas como un tributo a Lennon, lo que se potencia simbólicamente por su lanzamiento a meses de cumplirse 30 años de su asesinato, y la participación especial de Paul.
El reencuentro beatlero fue resultado de una afortunada alineación de causalidades. Mientras trabajaba en su estudio en Los Angeles, se enteró que Paul tenía planeado viajar a esa ciudad para la entrega de los Grammy. Una oportunidad para no desperdiciar. Y así fue: tomó el teléfono, le contó del proyecto y lo convenció de hacer un breve pasaje por su casa y el estudio. "Vino con su bajo, lo que era buena señal", aclaró.
Una vez reunidos en el estudio, Starr le mostró a Paul un tema que había compuesto recientemente, Peace dream, y la invitación a tocar tomó forma definitiva. "Claro que lo tocaré", le respondió Paul. Y allí, con parte de las pistas ya grabadas, "creó una base de fondo que armonizó la canción e hizo que el estribillo sonara tan bien", terminó su relato de Starr.
Algo similar ocurrió con otros dos históricos del rock, Joe Walsh (ex-Eagle) y Dave Stewart, pero sin las complicaciones de viajes y ajustes de agenda, ya que viven muy cerca de su casa.
Con este trío de invitados, el baterista apuntaló un trabajo creativo intenso, por momentos autobiográfico (como la canción The other side of Liverpool), y porfiado. "Cada vez que saco un disco la gente me pregunta por qué y yo respondo: ¿Por qué no? Esto es lo que hago y esto es lo que amo", declaró al periódico británico con la idea de zanjar cualquier suspicacia o maquinación maliciosa de críticos o detractores.
Invitados: Además de McCartney, Starr contó con el aporte de Dave Stewart y Joe Walsh.
Una carrera que sigue amparada en la fuerza de un mito musical
Y not es el décimo quinto título en la discografía como solista de Starr, que comenzó con Sentimental journey, de 1970. La cifra crece notoriamente si se suman al catálogo las recopilaciones, los discos en vivo, o algunos extrañamientos como I wanna be Santa Claus (1999) con canciones navideñas, o Scouse the mouse (1977), dedicado a los niños. A pesar de esta frondosa obra, ni el éxito ni la calidad han sido compañías constantes en su irregular carrera post Beatles. No en vano, más de un crítico se ha preguntado ¿por qué sigue editando discos? Su respuesta es bastante clara, aunque no menos ingenua: "¿Por qué no?" Y este Y not, que tiene a McCartney como principal colaborador, quizás sea el mejor ejemplo de la inercia simbólica que suele (o pretende) amparar de la crítica y la autocrítica a los mitos.