Chávez usó niños en su postal

CLAUDIO FANTINI

Los imponentes desfiles militares ostentando poderío armamentista son la postal típica de totalitarismos y dictaduras. Por eso no fue una buena seña la modalidad que eligió Hugo Chávez para festejar el Bicentenario de Venezuela, una fecha que, a fin de cuentas, evoca la gesta cívica de conformar la primer junta de gobierno.

Tantos soldados entre tanques y cazabombarderos, marchando marcialmente al grito de consignas ideológicas, evocó los desfiles del Ejército Rojo frente la nomenclatura soviética solemnemente alineada en el balcón del mausoleo de Lenin; o el paso de los misiles Scud en sus lanzaderas móviles bajo los palcos del amenazante Saddam Hussein.

Hoy, los festejos militarizados sólo se ven en Corea del Norte, en Irán y en un puñado de países con regímenes cerrados. Tal vez por eso en el palco de Chávez sólo estuvieron los mandatarios del ALBA, además de la argentina Cristina Kirch-ner y el dominicano Leonel Fernández. Todos los demás presidentes encontraron alguna excusa para no presenciar un desfile del que participaron milicias con integrantes que van desde los 13 a los 80 años.

Que no hayan tenido sus cargadores los fusiles FAL que portaron días antes, al conmemorar el fracaso del golpe ejecutado hace ocho años, no implica que no sean lo que son: armas. Y ver a niños y adolescentes armados, desfilando ante la mirada de un líder, no es precisamente una imagen típica de democracia pluralista.

Con orgullo partisano y pose de prócer viviente, el exuberante líder venezolano acaba de presentar al mundo la "guerrilla mediática" encargada de la "Operación Trueno", que consiste en una ofensiva permanente y total contra cualquier tipo de crítica emitida en diarios, radios y canales de televisión.

Quien cuestione al gobierno será inmediatamente atacado con insultos y descalificaciones, por la legión de estudiantes secundarios que el chavismo está reclutando en las escuelas. Cuestionable articulación de turbas mediáticas y fuerzas de choque callejeras que desde hace meses también parece estar ensayando el oficialismo argentino, iniciando el linchamiento de imagen de periodistas y medios opositores desde la televisión estatal y los medios mantenidos con publicidad gubernamental.

El recurso de las turbas juveniles siempre ha tenido que ver con el peor fanatismo. Aquel monje oscurantista y violento que fue Girolamo Savonarola, asoló la Florencia del renacimiento con turbas de jóvenes fanáticos que atacaban a prostitutas y quemaban libros de Boccaccio en la "hoguera de las vanidades". También eran legiones de adolescentes los "pequeños guardias rojos" que lanzó Mao Tse-tung a perseguir toda expresión de disidencia.

La historia tiene páginas aun más oscuras y bestiales sobre la utilización de niños como instrumentos de un poder dogmático. En definitiva, los genocidios de Ruanda y de Camboya fueron ejecutados, en gran medida, a través de la militarización de niños. Por eso la postal que Chávez mostró al mundo en el Bicentenario de Caracas no fue precisamente edificante.

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