La confusión que este gobierno ha generado en materia de fiestas patrias, se manifiesta hoy en ocasión de cumplirse los 183 años del desembarco de los Treinta y Tres Orientales en la playa de la Agraciada. La peregrina idea presidencial de concentrar las efemérides en una sola fecha, la del nacimiento de Artigas, causó tanto desconcierto y tuvo tantas idas y vueltas que ya nadie sabe bien qué, cómo y cuándo se debe festejar.
Lamentablemente, eso ocurre en un día como hoy en que debería evocarse con mayor resonancia la cruzada iniciada por aquel grupo de valerosos soldados que, al mando de Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, cruzaron el Río de la Plata y desembarcaron el 19 de abril de 1825 para poner fin a la dominación del Imperio de Brasil sobre nuestro suelo.
Pocos episodios de nuestra historia tienen la capacidad de cautivar la imaginación de las nuevas generaciones como la saga de los Treinta y Tres, inmortalizada en el magnífico cuadro de Juan Manuel Blanes. Sin ánimo de incursionar en la vieja discusión sobre si buscaban o no la definitiva independencia de la República, lo que está claro es que aquellos hombres se jugaron la vida animados por una idea de patria que fue la que con el tiempo maduró y acunó el nacimiento de la nación. La decisión y el coraje que mostraron ante un enemigo abrumadoramente superior, sirvieron para templar los espíritus en la lucha contra las potencias interesadas en mantener sojuzgada a una sociedad que ya se sentía con ánimo de marchar adelante sin tutores.
Por todo ello resulta lastimoso que este gobierno persista en la línea de bajarle el perfil a las fiestas patrias. Lastimoso e inexplicable a la vez, porque no se han dado hasta la fecha razones que lo justifiquen.
En su momento, el Presidente aludió a algo tan vago como hacer economías y evitar despliegues excesivos e innecesarios tales como los desfiles militares y la movilización popular que suelen acompañar a las celebraciones. Son argumentos que no convencen y que conducen a esta situación en que los hitos históricos se olvidan y hasta se confunden por culpa de un gobierno al que sólo parece interesarle la historia reciente.