EDUARDO BARRENECHE
Un menor adicto a la pasta base por semana es internado compulsivamente por el INAU porque corre riesgo de vida. Solo una minoría se recupera. El instituto cuenta con dos centros para atender drogadictos.
"Ese promedio de internaciones se mantiene en los últimos dos años. Muchas veces son reingresos de los mismos chicos", explicó a El País la directora de la División Salud del INAU, Eva Miguez.
El INAU contrata el alojamiento, enfermería, medicación, alimentación y talleres que brinda la Clínica API.
No es un servicio barato. Hace dos años, el organismo abonaba más de $ 28.000 por mes por cada interno, dijeron fuentes del organismo.
Durante la internación en la Clínica API, los menores logran una mejoría física y psíquica. El problema, dijo Miguez, es que terminan el tratamiento de desintoxicación y 45 o 60 días después "están horribles otra vez", salvo una minoría, porque su tratamiento no fue voluntario.
Miguez dijo que la mayoría de las internaciones compulsivas son de menores cuyas edades oscilan entre 15 y 18 años, aunque señaló que hubo casos de 13 y 14. "Hemos tenidos menores de 12 años consumiendo pasta base. También han venido niños a consultas en el Departamento de Prevenciones de Adicciones" del INAU, dijo.
El debate entorno a la internación compulsiva de los adictos lo desató el presidente José Mujica, cuando en la campaña electoral comenzó a manejar esta idea. El 25 de marzo, en declaraciones a Búsqueda, Mujica dijo que "a los adictos hay que sacarlos del ambiente, tenerlos un poco aislados y que se cansen". Sugirió que se les brinde "instrucción militar" o que se los envíe "al campo".
Esta semana, el diputado del Espacio 609, Víctor Semproni, anunció la presentación de un proyecto de ley que prevé la internación compulsiva de los adictos a las drogas.
El miércoles 7, la Cámara de Representantes resolvió por unanimidad crear una comisión especial de 13 miembros, que en un plazo de seis meses deberá elaborar un informe sobre las adicciones, sus consecuencias e impactos en la sociedad, para proponer acciones "concretas" acordadas por todos los partidos.
En la Cámara de Diputados hay al menos cinco proyectos de ley sobre este asunto.
DOLOR. Edison conoce de memoria el camino del infierno. Comenzó a consumir pasta base cuando tenía 16 años junto a sus amigos en el barrio Los Bulevares. Dijo que llegó al Departamento de Prevención de Adicciones del INAU "más muerto que vivo". Fue internado en la Clínica API durante 15 días para una desintoxicación. Luego los técnicos del INAU le propusieron que tratara de no probar pasta base durante un mes. "Estuve encerrado en mi casa. Fue algo muy duro. Hacía dos años que era consumidor", dijo Edison a El País.
En 2009 estuvo nueve meses internado las 24 horas en el Centro Residencial del INAU de San José, situado en Ruta 11 a la altura del kilómetro 46. Allí recibió medicación y atención psiquiátrica.
Luego fue derivado al Centro Diurno que el instituto posee en Luis Alberto de Herrera 3730, en Montevideo. "Ya llevo 11 meses sin consumir", afirma.
Otro que conoce la dureza de la pasta base es Manuel. Al igual que Edison comenzó a consumir esa sustancia con 16 años junto con amigos en Camino Maldonado a la altura del kilómetro 12.
"Lo primero que hicieron fue sacarme del barrio. Luego el INAU me llevó a San José donde estuve dos meses. Ahí comenzó mi recuperación. Pero como extrañaba a mi madre, me derivaron al Centro Diurno", cuenta.
Según Manuel, hace cerca de un año que no prueba la pasta base: "Ahora estoy esperando un trabajo".
Johan comenzó a consumir pasta base a los 14 años en el barrio 40 Semanas. "Yo quería internarme. Estaba pasado de rosca", explica.
Al igual que Edison y Manuel, Johan pasó por el centro de San José y ahora se encuentra en el Centro Diurno. El objetivo de Johan es realizar un curso de panadería en el Centro Diurno y conseguir empleo como semioficial panadero.
El director del Centro Diurno del INAU, Daniel Larramendi, dijo que este tipo de instituciones generan resultados positivos. "Los gurises vinieron mal y hace tres o cuatro meses que no consumen nada. Son cosas medibles", señaló.
El Centro Diurno es una casa de tejas que ocupa un gran parque. Creado hace un año, el local atiende a 10 niños que eran adictos a las drogas, cuyas edades oscilan entre los 16 y 17 años. Todos provienen de barrios periféricos.
La mayoría de ellos vienen de un proceso de diagnóstico y desintoxicación realizados en otros centros del instituto. "Tenemos cupos para albergar hasta 15 gurises con problemas de drogas. Estos no llegan al INAU por desconocimiento de los servicios por parte de sus familiares", explica Larramendi.
Al frente de la casa hay un aro de basquetbol donde cinco menores bajo tratamiento juegan un improvisado partido. A pocos metros de la entrada de la finca, un futbolito espera. En otra habitación se amontonan cortadoras de pasto porque el plan de tratamiento incluye horas de ocio, trabajo y terapias grupales con educadoras.
Los niños que arriban al Centro Diurno del INAU padecen diferentes grados de adicciones y situaciones familiares y culturales.
El Centro es un local intermedio del INAU, situado entre la atención ambulatoria efectuada por la policlínica de la División Salud y el Centro de San José que tiene cupo para 20 menores en régimen de internación. Además, el INAU puede derivar al adolescente a tres comunidades terapéuticas privadas que funcionan mediante un régimen de convenios: la Comunidad Católica Dianova, Manantiales y Renacer.
En 2009, el instituto atendió a 450 menores adictos.
Un artículo de la Revista de Psiquiatría del Uruguay sobre las características de los primeros usuarios atendidos por el Portal Amarillo, publicado en agosto del año pasado, señala que la pasta base no es la droga más consumida en Uruguay, sino la marihuana.
El artículo, elaborado por los médicos psiquiatras Juan Triaca, Verónica Cardeillac y Cecilia Idiarte Borda, cita a la cuarta encuesta de hogares y afirma que hay 16.000 nuevos consumidores de marihuana al año, mientras que de pasta base son 1.600. Explican además que el alcohol sigue siendo la sustancia de mayor consumo en Uruguay, del cual 50% de la población es consumidora habitual, y casi un 10% es dependiente.
Médicos del INAU estiman que hay entre 6.000 y 7.000 consumidores de pasta base. Solo en el Portal Amarillo hay 4.000 historias clínicas. Hay otro grupo de 2.000 a 3.000 usuarios que están fuera del sistema.
La "lata": una droga que ataca a jóvenes
Según el Observatorio Uruguayo de Drogas, 26.700 personas son adictas al consumo de estupefacientes.
Cada año, 16.000 nuevos individuos fuman marihuana y 1.600 pasta base.
En 2009, el INAU atendió a 450 menores de edad adictos a la pasta base. El organismo cuenta con varias opciones en función del grado de adicción del menor: tratamiento ambulatorio, Centro Diurno o Centro de San José bajo un régimen de internado. También convenios con ONG y privados.
En años anteriores, en el Departamento de Prevenciones de Adicciones habían dos o tres ingresos en enero por drogas. Solo en los dos primeros meses de este año, hubo 70 nuevas atenciones.
El grueso de los consumidores de pasta base tienen entre 17 y 25 años, según técnicos del Portal Amarillo.
Señalaron que ha habido pocos casos de muerte por sobredosis de pasta base o por paros cardíacos o infarto cerebral.
El relevamiento muestra que los adictos a la pasta base demoran un año en solicitar ayuda médica por la enfermedad.
Técnicos del INAU detectaron a menores de 10 años consumiendo esas droga.
Los familiares de menores adictos pueden llamar al Departamento de Prevenciones de Adicciones del INAU para solicitar una cita al teléfono 2037195. La directora de la División Salud del INAU, Eva Míguez afirmó que es posible salir de la pasta base. "No es fácil. Se necesita la voluntad del menor y de su entorno", dijo.