ALEXANDER LALUZ
La música de Astor Piazzolla es un círculo cerrado en sí mismo. Es única e imposible de versionar sin caer en la copia, la imitación. Daniel `Pipi` Piazzolla, en cambio, cree en una posible evolución de esta música a través del jazz.
"Por el lado del tango ya sabemos que mejor de lo que lo hizo él es algo muy difícil", agrega Daniel al revelar a El País parte del plan del espectáculo Piazzolla x Piazzolla. Es, en realidad, un plan colectivo urdido por el nieto de don Astor y los integrantes de su combo jazzero Escalandrum, y que mañana, a las 21, tendrá su estreno montevideano en la sala principal del Solís, abriendo el ciclo Sonidos de Otoño del Jazz Tour.
"Es algo que me lo vienen pidiendo desde que tengo uso de razón", y no hay más vueltas que darle a la noria. Se trata de una revisión del repertorio de Piazzolla -el abuelo, bandoneonista, tanguero- a través de una selección de títulos muy conocidos, esos que engrosan las lista de "infaltables", y otros de escasa o nula difusión masiva. Lo diferente, cuenta Piazzolla -el nieto, baterista, jazzero- está en la sonoridad.
"Nosotros quisimos hacer la música de mi abuelo con otra formación, agregándole improvisación, y no como la hacen todos, manteniendo el sonido del quinteto original". Por esa vía "intentamos aprender algo más sobre ese estilo" y así "hacer que Escalandrum suene más urbano todavía, más de Buenos Aires y no tan folklórico. Porque Escalandrum ha tenido siempre en su repertorio muchas referencias al folklore, casi a la par de los sonidos más urbanos". Pero "nosotros nacimos acá en la Capital Federal, por eso tenemos que defender esa onda urbana a morir. Entonces nos pareció que lo mejor para aprender eso era volver a los temas de mi abuelo". Una lección que décadas atrás no sólo Buenos Aires tomó y aprehendió con voracidad cinéfila, televisiva -la presentación de aquel inefable ciclo Tiempo nuevo de Bernardo Neustadt es un ejemplo histórico-, sino también Montevideo y otras capitales plegadas al imaginario globalizado de lo urbano ya no como ámbito físico sino como definición de modernidad pujante, acelerada, vertiginosa.
Algo de ese aprendizaje devenido rito familiar también estuvo en el origen del propio Escalandrum, a comienzos de 1999, cuando Daniel convocó a sus socios para trabajar en otra sonoridad jazzística y dar forma a un repertorio original a partir de la integración de diferentes vertientes musicales. En sus palabras, un trabajo de mezclas, fusiones, de historias diferentes, quizás en apariencia incompatibles, que convierte al curioso nombre del grupo en emblema. "Escalandrún" es un tiburón no muy aguerrido -su peso puede llegar a los 180 kilos- y que Pipi, su padre y su abuelo solían pescar en la costa atlántica del vecino país. A la raíz que identifica al depredador oceánico, el sexteto le agregó "drum" (tambor, en inglés) para crear el sonoro neologismo que los identifica y, luego, una suerte de tributo familiar.
Más de una década después de sus primeras actuaciones, Daniel, siempre parapetado detrás de la batería, junto a Nicolás Guerschberg (piano) Gustavo Musso (saxos), Martín Pantyrer (clarinete bajo y saxo tenor), Damián Fogiel (saxo tenor) y Mariano Sívori (contrabajo) se ganaron un prestigio en la escena musical argentina y un creciente reconocimiento a nivel internacional. Figuran en las grillas de los principales festivales del género, tocan regularmente Buenos Aires y en casi toda América Latina -con Uruguay como destino recurrente-, tienen cinco ediciones discográficas en su haber. Méritos por los que la Fundación Konex los reconoció en 2008 dentro de las cien figuras más destacadas de la pasada década en la música popular argentina.
Con esas historias a sus espaldas, entonces, los Escalandrum arremetieron el año pasado con este proyecto Piazzolla x Piazzolla. "Fue un trabajo muy detallado, muy fino, dejamos todo y nos concentramos en temas que muestren bien cómo es la música de mi abuelo. Y también que el grupo, que ya tiene una identidad muy grande no pierda su esencia tampoco. Entonces fuimos muy cuidadosos en la elección del repertorio y en la preparación".
La elección de las piezas se inició con una propuesta simple: cada integrante del grupo proponía 12 o 15 títulos y "de ahí se fue puliendo la selección". De las más conocidas quedaron Libertango, "con la que hacemos una versión muy Escalandrum, muy loca"; también Adiós Nonino, que se escuchará en una realización más clásica aunque enriquecida con la formación tímbrica del sexteto. Buenos Aires hora cero no podía escapar de la selección, y, como lo ve Daniel, "da para mucho", por ejemplo para "incorporarle muchos pasajes de free jazz". A la lista final también llegaron Vayamos al diablo, "que está en compás de siete, algo muy raro y que no parece de mi abuelo, sin embargo él lo tocaba mucho", o Romance del diablo, Fuga 9, que están entre las composiciones menos bendecidas por la difusión y las posteriores revisiones tangueras.
Con este programa, los Escalandrum literalmente "se sacaron las ganas" -ellos mismos lo asumen así- de tejer otras tramas y otras mezclas, en un trabajo arreglístico conjunto, pero que además contó "como cerebro principal a Nicolás (Guerschberg), que es especialista tocando la música de mi abuelo". El resultado de este tributo familiar y musical no sólo se podrá apreciar mañana, en vivo, sino también en un próximo disco a editarse este año, y que saldrá casi a la par de otro trabajo en estudio de Escalandrum pero con repertorio completamente nuevo.
Una dinámica de trabajo que será mostrada por varios países
Los Escalandrum ya son viejos conocidos del público jazzófilo de nuestro medio: se han presentado en varios festivales y conciertos individuales, y "Pipi" Piazzolla también se ha arrimado a esta orilla en varias oportunidades como baterista de otros conjuntos y solistas.
Una dinámica de trabajo que los ha mantenido permanentemente en la ruta. Y este año no será la excepción. "Con este espectáculo dedicado la música de mi abuelo -repasa Daniel "Pipi"- nos vamos de gira, y también con el repertorio jazzístico nuestro. Tenemos previsto recorrer unas quince ciudades de Brasil en octubre, que se suman a las que hicimos en marzo. Tenemos a Francia en septiembre. México también figura en nuestra agenda. Y estamos trabajando con otras fechas que están por concretarse".
En Buenos Aires, advierte, "sigo con otros proyectos paralelos, como el nuevo grupo de Mariano (Sívori), el bajista del grupo, y me mantengo actuando con varios tríos, además de continuar dando clases particulares y en una escuela de música en la que trabajo desde hace muchos años".
Tryo, El Cigala y Maria
Con el concierto Piazzolla x Piazzolla -inicialmente programado para esta noche, pero ahora cambiado para mañana debido a un paro de Adeom- el Jazz Tour inaugura un ciclo titulado Sonidos de Otoño, que marca el arranque formal de la temporada. Con un fuerte énfasis en la diversidad que caracteriza a la música popular contemporánea, esta programación continuará el próximo 20 de abril con la presentación Tryo, de Francia, en la Sala Zitarrosa. Dos días después Diego El Cigala, un emblema del flamenco, actuará en el Auditorio Nacional del Sodre, y el 25 de abril llegará Maria Joao al Solís, una de las voces más importantes del ambiente jazzístico de Portugal.