THE ECONOMIST
El 1° de marzo, el gigante de la industria tabacalera, Philip Morris, presentó una demanda contra cuatro minoristas estadounidenses por vender versiones falsas de sus cigarrillos Marlboro. Es sólo uno de los numerosos casos de falsificación que generan un negocio de miles de millones de dólares en el mundo.
Debido al crecimiento de internet y a las extendidas cadenas de abastecimiento internacionales, y en tiempos más recientes, a la caída económica global, los productos falsificados están por todos lados. Porsches y Ferraris falsos zumbando por las calles de Bangkok. Un banco alemán descubrió en sus reservas un sucedáneo de un lingote de oro hecho de tungsteno, de acuerdo con lo que indicó una investigación de un canal de televisión germano sobre persistentes informes de que varias instituciones financieras han sido engañadas de manera similar.
La falsificación "era un problema de los productos de lujo", señala Therese Randazzo, quien está a cargo de la protección de la propiedad intelectual en el Servicio de Aduanas de Estados Unidos. Ahora, la gente intenta el tráfico de bienes falsificados que tienen "un efecto más amplio en la economía", apunta, como es el caso de fármacos y partes de computadoras. Un nuevo estudio realizado por el Departamento de Comercio de Estados Unidos muestra que esas falsificaciones se han infiltrado hasta en el Ejército: el número de componentes falsos en los sistemas electrónicos militares más que se duplicó entre 2005 y 2009, potencialmente dañando a las armas de alta tecnología.
La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) estima que el comercio internacional de bienes falsificados y pirateados se situó en unos US$ 250.000 millones en 2007. La Coalición Internacional Anti Falsificación (IACC, por su sigla en inglés), un grupo de presión, sostiene que la cifra verdadera es cercana a los US$ 600.000 millones, debido a que la estimación de la OCDE no incluye la piratería online ni las falsificaciones que se venden en el mismo país donde son fabricadas. Los bienes falsos constituyen, según la IACC, entre 5% y 7% del comercio mundial.
Varios factores han contribuido al crecimiento de la falsificación en los últimos años. El traslado de gran parte de las manufacturas mundiales hacia países con una pobre protección de la propiedad intelectual ha provisto tanto la tecnología como la oportunidad de hacer imitaciones con rapidez. En general, internet y ciertos sitios de comercio electrónico como eBay, en particular, han hecho que sea más fácil la distribución de bienes falsos. MarkMonitor, una entidad que ayuda a las empresas a defender sus marcas online, estima que las ventas de bienes falsificados a través de internet llegará a US$ 135.000 millones este año.
La recesión en el mundo rico también puede haber dado un impulso a las falsificaciones. Frederick Mostert, de la Fundación Auténticos, un grupo anti falsificación, ha notado un pico de esos productos durante la recesión debido a que los consumidores, al estar escasos de dinero, dejan los bienes verdaderos. Las medidas de reducción de costos también pueden haber dejado a las cadenas de suministro de las empresas más propensas a adquirir partes falsas. En 2008, el valor de los bienes falsos requisados en las fronteras de Estados Unidos se incrementó casi 40% en comparación con el del año anterior. En Europa, en 2008, los servicios aduaneros confiscaron más del doble de bienes falsos que el año anterior.
Las empresas, que se resienten por los ingresos que pierden a manos de los falsificadores en mayor medida durante una caída de la economía, hacen un esfuerzo mayor aún para eliminar a los impostores.
Por ejemplo, las denuncias de Louis Vuitton, una empresa de productos de lujo, derivaron en 9.500 requisas de falsificaciones el año pasado, 31% más de lo que se incautó en 2008. Demandas judiciales presentadas por empresas contra productores y distribuidores de falsificaciones se encuentran en el número más alto de la historia, señala Kirsten Gilbert, del estudio jurídico Marks & Clerk Solicitors.
RESPUESTA. La tecnología utilizada para contrarrestar a los piratas se vuelve cada vez más sofisticada. Los hologramas son una forma de distinguir entre unos y otros, pese a que los falsificadores mejoran cada vez que copian. Tintas especiales, marcas de agua y otras tecnologías "encubiertas" son cada vez más populares. Muchas empresas de "protección de marcas" también comenzaron a vender tecnología de identificación a través de frecuencias de radio para ayudar a las empresas a hacer el seguimiento de los embarques. El sistema permite colocar chips en cajas y cajones que emiten señales que las identifican como auténticas.
La técnica más probada de identificación de productos genuinos involucra la incorporación en los envases o en el producto en sí de materiales con marcadores genéticos especiales. Las empresas o las autoridades pueden literalmente verificar al ADN de un producto para asegurar que es el verdadero. Es un sistema más costoso que otras medidas contra la falsificación, pero las empresas de productos valiosos, como pueden ser las principales bodegas, lo usan cada vez más. James Hayward, el jefe de DNA Applied Sciences, que vende esa tecnología, insiste que los nuevos clientes "están derribando nuestra puerta", pese a la recesión.
Los servicios de protección de marcas online, que hacen el seguimiento de los falsificadores en internet para sus clientes, están prosperando también. OpSec Security, que provee protección de marcas física y online, ha visto crecer los ingresos de sus servicios de monitoreo online en más de 20% anual en los últimos dos años, pese a que se registró una caída de sus servicios de encomiendas. MarkMonitor incrementó en un 18% la tarifa de sus servicios de protección de marcas online el año pasado debido a la magnitud de la demanda.
Las principales empresas de EE.UU. gastan en promedio entre US$ 2 y US$ 4 millones por año en combatir las falsificaciones. La cifra crece al mismo tiempo que aumentan las compras por internet.
PERJUICIO. Los gobiernos también están fortaleciendo sus esfuerzos para perseguir las falsificaciones debido a que éstas no pagan impuestos, además de perjudicar a las empresas legales. La falsificación y la piratería costaron US$ 85.000 millones por año en impuestos perdidos y un mayor gasto en beneficios de seguro de desempleo a las economías del G20, de acuerdo con un estudio realizado por la consultora Frontier Economics.
Por cada dólar invertido en la lucha contra la falsificación en Estados Unidos, el gobierno recibe US$ 5 extra en recaudación de impuestos, según estimaciones de la Cámara de Comercio de Estados Unidos. En los últimos años, Francia e Italia, entre otros países, han aprobado leyes que amenazan a los consumidores que compran bienes falsos con fuertes multas y hasta con penas de prisión.
Estados Unidos es el país que designó al primer "zar" de defensa de la propiedad intelectual a fines del año pasado y ahora está desarrollando una nueva estrategia de lucha. La Unión Europea formó un "observatorio" contra las falsificaciones de productos de marca con la finalidad de recoger mayor información y difundir datos sobre la manera más adecuada de detectar productos falsos. La Unión Europea, Estados Unidos y Japón, entre otros, también discuten un nuevo tratado, denominado Acuerdo Comercial Contra la Falsificación (ACTA, según su sigla en inglés), que fortalecerá los controles internacionales sobre los bienes falsos y la piratería. Se espera que pueda ser lanzado este año.
Pero, en China, donde se cree que se fabrica el 80% de los productos falsificados, las autoridades son renuentes a combatir un negocio local que prospera. Se espera que ese país no firme el ACTA, lo que socavará el acuerdo incluso antes de que su contenido exacto sea revelado.
Las cifras
600 Son los miles de millones de dólares que mueve el comercio internacional de productos falsificados por año, según la IACC.
135 Son los miles de millones de dólares en productos falsos que se venderán este año por internet, según MarkMonitor.