Olas oceánicas

RICARDO REILLY SALAVERRI

Las grandes olas oceánicas escapan en dimensión a la imaginación lega. Hay otras ondas. Menos tangibles, propias de las realidades culturales, económicas y sociales. Las renovadas "olas" de Toffler, que se desplazan incontenibles arrasando a su paso zarandeadas instituciones públicas.

En el ayer se sentía que la Historia del país era necesaria para entender de que trataba ese proyecto de estado nacional conocido como República Oriental del Uruguay. Quedó a la espalda.

La vieja teoría del estado occidental, de cuño europeo, en la que con matices se entendía que en la base de un Estado estaban una población más o menos homogénea, unida por tradiciones comunes -traducidas en festividades, banderas, himnos, escudos, respetos- y en el decir de Mazzini "por un querer ser colectivo"; un poder etático que se ejercía y era aceptado por los súbditos; un territorio propio; y el don de la soberanía, reconocido a los estados que implicaba que por encima de él no se reconocía a otro poder cualquiera fuese su naturaleza, es cosa del pasado.

La muletilla más frecuente para explicar esto sin mayores explicaciones es que estamos inmersos en "la globalización". Y, es así.

Sorteando debates se dirá que los estados nacionales surgieron con el establecimiento de la monarquía primero, de las instituciones republicanas y liberales después y de la irrupción del capitalismo y de sucesivas revoluciones industriales -tecnológicas- que se continúan sucediendo al infinito.

Con la arbitrariedad que ello supone podemos ubicar el comienzo de la circunstancia mencionada a partir del siglo XVII en adelante.

Hoy, los países líderes del mundo, son asiento y origen de monumentales compañías multinacionales que dominan las finanzas, las comunicaciones, la industria de guerra, la automotriz, la de las máquinas en general, la de los laboratorios y las que empujan al desarrollo de punta de la investigación y los logros científicos.

Ellas son las protagonistas de la globalización. Al cierre del pasado milenio eran aproximadamente 50.000 (se les deben sumar otras 450.000 empresas que trabajan para ellas). Dominaban el 20% de la producción planetaria y el 70% del comercio mundial.

Todas las instituciones públicas del ámbito internacional más relevantes tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, la OCDE, y -abreviando- la más recientemente creada Organización Mundial de Comercio, integrada por 140 países que apunta internacionalmente a la regulación del comercio, de las inversiones, los servicios y la propiedad intelectual, sirven al interés expansivo de las corporaciones. Ante ellas, cabe concluir que todos los estados nacionales, desde los grandes a los chicos, están jaqueados.

Y, estados como el nuestro que carecen de proyecto nacional, abdican de sus fechas patrias, son universalmente irrelevantes económicamente, hacen de su escudo caricatura, de su himno letra de murga, y banalizan a su fuerzas armadas, son solo hoja de árbol, perdida en el océano de los intereses regional y globalmente dominantes.

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