Reabren en mayo el Colón porteño

JORGE ABBONDANZA

En todos lados se cuecen habas. Los montevideanos debieron esperar 38 años para recuperar el Estudio Auditorio del Sodre, mientras las tareas de restauración del Solís mantuvieron esa sala cerrada durante casi seis años. Ahora está por culminar en Buenos Aires otro episodio del género, porque la reapertura del Teatro Colón -el mayor escenario lírico de América Latina- se anuncia con bombos y platillos para la noche del 24 de mayo. En el remozamiento de ese coliseo se ha trabajado durante tres años y medio, un plazo bastante más largo que el previsto en 2006, cuando comenzaron las faenas de renovación con el ojo puesto en el centenario del recinto.

Porque el Colón se había inaugurado el 25 de mayo de 1908 con una aparatosa representación de Aída de Verdi, que según cuentan las crónicas de la época le sacó canas verdes a los directivos de la sala. Desde entonces ha albergado memorables temporadas, por las que desfilaron casi todos los monstruos sagrados del siglo XX. Al aproximarse el centenario, se consideró que eran impostergables las tareas renovadoras, calculándose todo para que la reapertura coincidiera con la magna fecha del 25 de mayo de 2008. Pero los cálculos fallaron, como suele suceder con las obras públicas, de manera que el Colón abrirá sus portones a punto de cumplir 102 años.

Esa velada debió adelantarse 24 horas para no tropezar con la atestada agenda oficial prevista para el 25 de mayo, día en que la Argentina festeja el bicentenario del histórico 1810. Astutamente, las autoridades porteñas calcularon una función inaugural que culminará cerca de medianoche, para ofrecer entonces un brindis que abrirá las celebraciones de la fecha patria. No pudo programarse Aída, tampoco, de modo que el espectáculo de esa noche se integrará con un acto de El lago de los cisnes y un acto de La bohême -algo es algo- para ofrecer a un público invitado donde figurará la flor y nata del mundo político y artístico, sin duda.

La temporada de abono empezará el 26 de mayo con La bohême, justamente, y luego seguirán Don Giovanni, Manon y Una tragedia florentina, entre otros títulos, para cerrarse con Falstaff, la última ópera de Verdi y una de sus obras maestras. Por el podio desfilarán batutas eminentes como Daniel Barenboim y Zubin Mehta. El ballet comenzará a actuar en junio con Manon y El corsario, para terminar el año con los despliegues de La bayadera. El público no verá los 1.500 sensores de humo ni las 300 cámaras de monitoreo incorporadas a la sala, pero en cambio podrá ver el flamante telón del escenario, diseñado por el artista plástico Guillermo Kuitca. Cuando todo el mundo ocupe su butaca, podrá decirse que a buen fin no hay mal principio. Unos cuantos montevideanos volverán a cruzar el charco para sacar entradas y compartir esas actividades como Dios manda.

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