THE NEW YORK TIMES
El asesinato de una empleada del consulado estadounidense y de su esposo se ha convertido en un símbolo de la creciente inquietud en cuanto a que la estrategia de Calderón para atacar a los carteles de la droga se está desviando de su curso.
El martes Ciudad Juárez recibió al presidente Felipe Calderón, quien se ha visto obligado por la violencia incesante a recalibrar su estrategia y reconocer que no funciona sólo concentrar el poder de fuego contra las bandas de narcotraficantes.
En un cambio radical de opinión, el gobierno mexicano empezó a volver a centrar su energía en atacar los temas sociales en Ciudad Juárez, en lo que funcionarios dicen en privado podría ser un experimento para otras ciudades mexicanas consumidas por la violencia del narcotráfico.
Funcionarios estadounidenses reiteraron su apoyo a la batalla de Calderón contra las bandas de narcotraficantes, a la que primero el gobierno de Bush y después el de Obama han apoyado con más de 1.000 millones de dólares en ayuda. El dinero se ha distribuido entre un conjunto de dependencias encargadas de combatir la guerra contra el narcotráfico. Se han comprado helicópteros para el Ejército y equipos de rayos X para las aduanas, se han capacitado a jueces y establecido una nueva academia para reclutas de la policía federal.
Philip J. Crowley, un portavoz del Departamento de Estado estadounidense, dijo, durante una sesión informativa, que la balacera del pasado sábado -día en que murieron las tres personas vinculadas al consulado de EE.UU.- subraya la amenaza común que representa la violencia del narcotráfico tanto para EE.UU. como para México. Así como que los países continuarían trabajando juntos para contraatacar.
El punto de inflexión para la reconsideración de la estrategia de Calderón ocurrió hace seis semanas, cuando gatilleros mataron a 15 personas, en su mayoría estudiantes, en una fiesta de cumpleaños. Impaciente por demostrar que el gobierno federal está comprometido con ponerle fin a la violencia relacionada con los cárteles que han matado a 500 personas en Ciudad Juárez desde el 1º de enero, Calderón apareció con una lista de programas sociales que, espera, terminen apaciguando a la ciudadanía de la ciudad, la cual se muestra cada vez más enojada.
En las semanas transcurridas desde los asesinatos en Villas del Salvarcar, el presidente ha cambiado de táctica, reconociendo que su énfasis en una solución militar para acabar con la violencia de las pandillas del narcotráfico no funcionará por sí sola. Hay 10.000 soldados y agentes de policía patrullando las calles de la ciudad, pero todo parece indicar que la violencia se torna más flagrante con cada semana que pasa.
"Han caído dos mitos aquí en Juárez", dijo Lalas Tapia, un maestro local. "No es cierto que la violencia sólo sea entre bandas de narcotraficantes", explicó. "Y esto no terminará pronto. Ya han pasado dos años".
A Lesley Enriquez, que trabajaba en el consulado estadounidense, y a su esposo Arthur Redelfs los mataron a plena luz del día el sábado pasado, cuando se dirigían en coche a su casa en El Paso tras haber asistido a una fiesta infantil. La hija de siete meses de la pareja, que estaba en el coche, no resultó herida en el ataque.
Casi al mismo tiempo, mataron a Jorge Alberto Salcido Ceniceros, el esposo mexicano de otra empleada consular que también estuvo en la fiesta, cuando conducía a su casa con sus dos hijos de cuatro y siete años. Ellos resultaron heridos.
Debido a que los ataques ocurrieron en México, la procuraduría general del estado de Chihuahua está a cargo de la investigación. El domingo, emitió una declaración en la que dice que se cree que Los Aztecas, una violenta pandilla callejera que trabaja para La Línea, el brazo operativo del cartel basado en Ciudad Juárez, son responsables de los tiroteos.
Diversas dependencias estadounidenses, incluidas las autoridades de la FBI y el Departamento Estadounidense Antidrogas, proporcionan ayuda a las autoridades mexicanas, dijo Andrea Simmons, una agente especial en la oficina de la FBI en El Paso.
La investigación sigue actualmente varias líneas, incluida la posibilidad que las víctimas fueran asesinadas en un caso de identidad equivocada.
Pero pocas de las muchas balaceras en Juárez captan la atención que se ha dado a los asesinatos consulares.
A Jahaziel Orlando Gutiérrez Márquez de 26 años, lo balearon y mataron temprano la mañana del domingo cuando caminaba a su casa desde la de su madre. Caminó a un bar porque vio el coche de un amigo estacionado afuera y, al entrar, pistoleros, que aparentemente buscaban a otra persona, le dispararon, contó su esposa Kuri Flores de 23 años.
Flores, una activista local que administra un pequeño centro comunitario, regresaba de la Ciudad de México con las madres de víctimas de la violencia del narcotráfico, cuando recibió la noticia de la muerte de su esposo.
"No hay justicia en esta ciudad", dijo. "Es un asesinato más. Me siento tan impotente".
La cifra
500 Son los asesinatos que se han cometido en Ciudad Juárez en lo que va del año, pese a la fuerte presencia militar y policial.