RAÚL MERNIES
El liceo 62 era el 9 hace unos 10 años. Yo estudié allí y no usábamos uniforme.
Ahora está mucho más prolijo. No se ven grafitis en los pasillos, y por el patio no pasean perros. La adscripción no es aquel lugar oscuro y temido; ahora es en una caja de cristal con computadoras y pantallas de plasma.
Las ventanas sobre avenida Lezica siguen siendo corredizas, pero ahora una malla metálica terminó con las inolvidables "rabonas".
Hace 12 o 13 años, fumar un cigarro en el baño significaba expulsión. La picardía era jugar al truco a escondidas de la adscripta.
En 1998, uno de los grupos "difíciles" se pasó de vivo: alguien tiró una bombita de olor en un escrito de biología, pero tuvieron que quedarse dentro. La profesora los controló por la ventana que no tenía vidrios.
En aquella época la directora era el `monstruo` más temido. Si salía a caminar por el liceo, los pasillos quedaban desiertos.
Salíamos a las doce menos veinte y lo más grave que podía pasar era alguna pelea mientras esperábamos el ómnibus.
Hace unos días, la directora del liceo que funciona en ese mismo local fue amenazada con un cuchillo ¡en el patio del recreo!
La esquina a la hora de la salida se transformó en una lugar de riesgo y los profesores tienen que pedirle a los alumnos que apaguen los "porros".
Pero eso sí, el liceo está mucho más prolijo.