GUILLERMO ZAPIOLA
Sigue siendo una leyenda del cine, y tenerla por partida doble en cartelera no deja de ser un pequeño privilegio. Sophia Loren se planta en pantalla, coloca los brazos en jarras, y no necesita verbalizarlo. Está diciendo. "Aquí estoy yo".
Y, en efecto, está dos veces. Actúa en Demasiado amor, drama italiano dirigido por Lina Wertmuller que se estrena hoy, y está en el musical Nine de Rob Marshall, basado en 8 y medio de Fellini, que llega mañana a las pantallas. En este segundo film tiene varias temibles compañeras de elenco (Penélope Cruz, Judi Dench, Marion Cotillard, Fergie, Nicole Kidman, Kate Hudson), pero tampoco le cuesta mucho abrirse paso entre las demás, poner los brazos en jarras y decir sin decirlo: "Aquí estoy yo".
Hay una astuta y perversa decisión de `casting` en el hecho de que Sophia sea la fantasmal madre del protagonista (Daniel Day-Lewis) en Nine. Porque, como se sabe, ese protagonista (un director de cine en crisis, y un `alter ego` del propio Federico Fellini) fue encarnado originalmente por Marcello Mastroianni. Sophia y Marcello constituyeron una de las más populares parejas cinematográficas de la pantalla italiana. Con Marcello fallecido y Sophia con setenta y cinco años, no deja de haber una cuota de paradoja e ironía en que la actriz aparezca como la progenitora de alguien que fue interpretado por Marcello. En el `lobby` del cielo donde el actor debe estar sentado en el sillón más cómodo que haya podido encontrar (su vocación por la pereza era legendaria) y Fellini está fabulando otro episodio de una autobiografía imaginaria, ambos deben de haberse divertido cuando supieron, gracias a la televisión para abonados local, que So- phia iba a estar en la película.
En una entrevista concedida al New York Times, Sophia ha reconocido que siempre soñó con actuar en una película de Fellini, pero nunca sucedió. La actriz se declara una admiradora incondicional del fallecido director italiano. "Era un ma- go", afirma. "Los films que nos ha dado son absolutas obras maestras. Cuando él desapareció, fue una gran pérdida", agrega la actriz.
En Nine, Loren tuvo que aceptar otro desafío: cantar. Lo ha hecho otras veces en varias de las aproximadamente cien películas que pueblan su carrera, y dice que no es algo que la asuste. "Soy de Nápoles", recuerda, al tiempo que afirma que para una actriz italiana, el sueño de su vida es estar en un musical norteamericano. "Nosotros no hacemos musicales en nuestra industria, porque cuestan mucho dinero", explica. "Los musicales son norteamericanos". En Nine, el director Marshall le encomendó una canción en la que evoca la infancia de su hijo Day-Lewis.
A Loren no le llamó la atención que Marshall le pidiera hacer el papel de la madre. Según dice, es su especialidad actual. "Antes, cuando una mujer crecía, era madre, y eso era lo que tenía que hacer", explica. "Ahora la mujer tiene muchas maneras de vivir su vida con sus hijos y con el mundo que las rodea". Reconoce que eso ha cambiado hoy, pero ella sigue actuando "a la manera antigua". Es la única cosa que sabe hacer, asegura.
Cuando se le pregunta qué tipo de madre es su personaje responde casi sin pensarlo "una madre italiana", pero luego se corrige: en realidad, añade, las madres son iguales en todos lados. Y dice también: "Esta madre trata de cuidar de su hijo y ajusta su vida de manera que él no tenga tantos problemas en su carrera y en su vida real. Él no le pide a su madre consejos, pero ella está ahí todo el tiempo. A veces ella se enoja porque él no la escucha, aunque debería. Hay un momento en la película en que él tiene que decidir algo importante, y no puede".
Loren admite cierto paralelismo entre su personaje en la pantalla y su propia vida. Tiene dos hijos: Carlo, de cuarenta años, director de orquesta, y Edoardo, treinta y seis años, escritor y director, y dos nietos.
MATERNIDAD. Aunque todas las madres sean iguales, ella sigue siendo una "mamma". Y lo explica así: "Mis hijos son mi vida. Ellos son mi vida real, mis hijos, mis nietos, la familia". Hasta su muerte hace tres años el esposo de Loren, el productor Carlo Ponti, la aconsejaba en su carrera. Ahora busca consejo en sus hijos.
Sophia es una buena crítica de sí misma. Cuando la periodista le pide que elija cuatro películas del centenar que ha hecho, no vacila: El oro de Nápoles (1954), en la que Vittorio de Sica la lanzó al estrellato; Dos mujeres (1960), también de de Sica, que le valió un Oscar; Matrimonio a la italiana (1964), su versión junto a Marcello de la pieza Filomena Marturano, y Un día muy especial (1977) de Ettore Scola (otra vez con Marcello), en la que probó definitivamente ser una versión mejorada de Anna Magnani. Puede ser una estrella internacional y sofisticada, pero nunca es mejor que cuando actúa en italiano, en bata y sin maquillaje.
Y siente un particular cariño por Un día muy especial. La película transcurre el día de 1938 en que Hitler visitó a Mussolini en Roma. Sophia es un ama de casa cuya familia va a las celebraciones, queda sola y conoce a un hombre (Mastroianni) que vive en su mismo. Él es un intelectual antifascista, y es `gay`.
"En ese momento los `gays` eran tratados como gente que no podía vivir", recuerda Sophia. "Y ella tiene un romance con él. Es una de las historias más hermosas escritas para una mujer".
Drama familiar de varias generaciones
La presencia de Sophia Loren puede ser el primer gan- cho de Demasiado amor, película dirigida por la veterana Lina Wertmuller que se estrena hoy en Cinemateca 18. Maria (Sophia) y Jeffrey (F. Murray Abraham) son una veterana pareja en crisis. Otra "mamma", María trata de conseguir que sus dos hijos, su hija, su nieta y dos nueras se reúnan para celebrar el cumpleaños de Asunta, la abuela y propietaria de la vieja mansión familiar que permanece en pie pese a los estragos de tiempo. La celebración junta a los hijos, cada uno arrastrando su propio infortunio. Uno es un novelista cuya última obra ha sido severamente criticada, ha perdido el respeto de su esposa y mantiene una relación con su secretaria. El segundo es un médico que ama a su familia, pero su mujer está dispuesta a dejarlo todo por ser actriz. Por su parte, la hija acaba de enterarse de que está embarazada, y tiene dudas acerca de cuál de sus amantes es el padre.
Confirmando que a veces las paralelas se cruzan, la directora Wertmuller fue asistente de Federico Fellini en 8 y medio antes de iniciar una carrera propia con films como Los zánganos (1963), Mimí metalúrgico (1972), Amor y anarquía (1973), Insólito destino (1974) y Siete bellezas (1975). También trabajó con Sophia en Amor, muerte, tarantela y vino (1978) y Francesca (2001).
Dos cómplices de toda la vida en la pantalla cinematográfica
Se señala la pequeña ironía de que So- phia Loren interprete en Nine a la madre de un personaje que alguna vez fue encarnado por Marcello Mastro- ianni. Fueron una de las parejas más populares del cine italiano, y puede decirse que tuvieron, en la pantalla, toda una vida juntos.
Sophia fue una extra no acreditada en el film de 1950 Corazones sobre el mar de Giorgio Bianchi, donde Marcello hacía un papel secundario. Volvieron a encontrarse en Tiempos nuestros (1954), Lástima que sea tan canalla (mismo año), La dicha de ser mujer (1956), Ayer, hoy y mañana (1963), Matrimonio a la italiana (1964), Fantasmas estilo italiano (1967), Los girasoles de Rusia (1970), La mujer del cura (1971), La amante del gangster (1974), Un día muy especial (1977), Amor, muerte, tarantela y vino (1978), Pret-á-porter (1994) y La mandrágora (1997).
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