Se anuncia que el presidente y el vicepresidente electos, harán el recorrido oficial del próximo lunes, en un vehículo utilitario eléctrico, que ya popularmente fue bautizado "Pepemóvil".
Esta camioneta, convertida en Uruguay a un sistema cien por ciento eléctrico, es un símbolo de la encrucijada energética en que se encuentran nuestro país y el mundo en general, ya que el transporte está ligado a motores de combustión interna.
Es decir, motores que dependen del petróleo, cuya disponibilidad es finita. No hay duda que el mundo requiere fuentes de energía alternativas, pero falta desarrollo.
Desde las grandes fábricas hasta quienes hacen esfuerzos creativos en sitios como Uruguay, tratan de lograrlo. Algunos ensayan con autos totalmente eléctricos, otros con vehículos híbridos (a nafta y eléctricos), otros con combustibles de origen vegetal (que sustituirían a las naftas y gas oil). Pero no hay aún un éxito total en ninguno de estos terrenos.
Al tomar conocimiento de las prestaciones del auto eléctrico uruguayo, se nota, por ejemplo, que padece de algo común a los demás eléctricos: autonomía limitada. El vehículo no supera los 90 kilómetros por hora, no recorre más de 105 kilómetros con una carga de sus baterías y la recarga lleva cinco horas. Falta agregar que el país carece de una red de estaciones de recarga.
Esperemos que los creadores de la unidad insistan en su esfuerzo, que es la continuación de otros análogos que tuvieron su pionero en Enrique Abal Salvo, quien hace casi 70 años asombró a los uruguayos con un auto totalmente eléctrico, que permitía superar la falta de petróleo que el país sufría en el período de la Segunda Guerra Mundial.