Lula da su apoyo a Fidel Castro

Presidente visita la isla; no recibirá a los disidentes

LA HABANA | El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, llegó ayer a La Habana para dar el último espaldarazo al gobierno cubano antes de abandonar el poder. Se trata del cuarto viaje que realiza a la isla en sus ocho años de presidente, y la visita tiene dos objetivos principales: afianzar su apuesta política por la revolución castrista antes de marcharse, y respaldar sectores estratégicos de la economía cubana, como las infraestructuras o el petróleo, en momentos en que la falta de liquidez y la crisis asfixian a las autoridades de la isla.

En la agenda no hay espacio para los disidentes, algo que no ha sorprendido pues Lula es un viejo aliado. Quizás el presidente brasileño no sea tan incondicional como el venezolano Hugo Chávez. Pero está igualmente comprometido con el símbolo de la revolución cubana y siempre aparece dispuesto a echar una mano. Durante años, antes de ser elegido presidente, Lula da Silva viajó a La Habana en numerosas ocasiones para encontrarse con Fidel Castro y trazar estrategias. Ahora, al final de su mandato, sostendrá una reunión "entre amigos" con el líder comunista en el lugar donde convalece desde hace tres años y medio, cuando una grave enfermedad le apartó del poder. También hablará con su hermano Raúl, el heredero y actual presidente.

Antes del encuentro con Fidel, el mandatario brasileño tiene previsto visitar las obras de ampliación y modernización del puerto de Mariel, a 50 kilómetros de La Habana, una empresa de importancia capital para el gobierno cubano que Brasil ha financiado con créditos por 300 millones de dólares, de los cuales cerca de la mitad ya han sido desembolsados. El proyecto es convertir el Mariel -mundialmente famoso por ser el lugar desde donde partió un éxodo de 125.000 personas en 1980- en el principal puerto de mercancías del país.

Políticamente, el respaldo de Lula al gobierno cubano es absoluto. Al menos en público, no existen cuestionamientos sobre la situación de los derechos humanos, ni tampoco se han programado encuentros con la disidencia, igual que en sus visitas anteriores. No se sabrá, probablemente, en qué quedó la petición que le hicieron medio centenar de presos políticos para que intercediera por su liberación. Según los disidentes, Lula puede ser "un magnífico interlocutor para obtener que el gobierno cubano se decida a acometer las reformas económicas y políticas" que requiere el país. La vía escogida por Lula es la de la cooperación, no la del enfrentamiento. EL PAÍS DE MADRID

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