PAYSANDÚ | SANDRA KANOVICH
Hace diez años, Ana Carolina Torrens Miranda mató al hijo al que acababa de dar a luz. Tenía entonces 23 años. El lunes pasado cometió el mismo crimen, al asfixiar a otro niño tras un parto natural en el baño del frigorífico en el que trabajaba.
El hecho quedó al descubierto cuando la mujer se desmayó y fue trasladada a la urgencia de la mutualista local. Al ingresar dijo que había sufrido un aborto, pero al inspeccionar sus pertenencias el cuerpo del recién nacido fue descubierto en una mochila. El examen del médico forense reveló que el niño había nacido vivo, que se trataba de un embarazo a término y que había sido asfixiado. La madre había colocado en su boca servilletas de papel, hasta dejarlo sin vida.
La Justicia dispuso que fuera procesada por un delito de homicidio especialmente agravado y que, por segunda vez, fuera remitida a la cárcel departamental. Según pudo saber El País, la mujer tiene otro hijo, que está a cargo de su madre.
Torrens mató al niño inmediatamente de haber nacido y antes de desmayarse alcanzó a guardar su cuerpo en una mochila. Su intención era relatar que había sufrido un aborto espontáneo y que el niño había nacido muerto. Sin embrago, las pericias médicas refutaron su versión y revelaron lo sucedido. El concubino de Torrens, de 25 años, aseguró al ser indagado por la Policía, que estaba en conocimiento del embarazo y que ésta le había dicho varias veces que no quería tener un hijo en las condiciones en las que estaban viviendo.
Hace 10 años, Torrens había matado a otro hijo recién nacido. Fue en el barrio San Félix, cuando vivía con un hombre encargado de cuidar el hipódromo de la zona. El hecho fue descubierto días después de sucedido, cuando un camión de la barométrica limpiaba una cámara séptica. Allí fue descubierto el cuerpo sin vida de un bebé. La investigación policial desencadenada por el hallazgo, orientó hacia Torrens, quien finalmente admitió haber arrojado a su hijo al pozo.