Siempre fue de estilo que quienes ocupan cargos políticos contribuyan con un módico aporte que se detrae de sus remuneraciones, a solventar las finanzas del Partido al que pertenecen. Pero ahora tomaron trascendencia pública situaciones groseras, por darles un calificativo sumamente benévolo.
Es el caso de los legisladores del MPP a quienes se les obliga a aportar buena parte de su sueldo líquido. Así, de $ 89.000 que cobra cada uno, puede quedarse con $ 37.000 (un 46,25% del salario). El resto, o sea más de la mitad, se lo lleva el movimiento que lo destina a diversos menesteres. Al ahorro, a un fondo para dar préstamos, como si fueran un banco, a tener reservas para campañas electorales y cosas por el estilo.
Entonces, para asegurarse el aporte y además la fidelización política del legislador, cada uno de ellos debe firmar títulos ejecutivos de vencimiento mensual, y con mora automática pactada.
Jurídicamente, esto es una expropiación lisa y llana, con perfiles extorsivos. Las bancas no son -como lo cree el Sr. Bonomi- de un partido o de un sector. Son de la Cámara a que pertenecen, como también lo son los fueros parlamentarios, según lo demostrara hace años en una clase de derecho constitucional, el entonces Senador Dr. Washington Beltrán.
Lo mismo hace el Partido Comunista. No tan grosero en las garantías, pero mucho más en lo que cree justo que su gente se guarde en el bolsillo para vivir, algo así como dieciséis mil pesos. Un absurdo.
Asiste plena razón al Dr. Correa Freitas, cuando sostiene que el aportar o no, es una decisión libérrima de quien lo hace, y que en definitiva todo el problema es de naturaleza ética y política.