WASHINGTON | EL PAÍS DE MADRID
La detención del máximo responsable militar talibán fue recibida por la Administración Obama como el mayor éxito desde el comienzo de la guerra afgana y como un paso que puede modificar el curso de los acontecimientos en la región.
Fuentes gubernamentales estadounidenses confirmaron ayer la captura del mulá Abdul Ghani Baradar, conseguida hace unos diez días en Karachi (Pakistán) en una operación de la CIA y la seguridad paquistaní, hecho que no sólo priva a los talibanes de su principal estratega, sino que además prueba la vulnerabilidad en la que se haya la dirección de los rebeldes afganos, sometida por primera vez de forma visible al hostigamiento simultáneo de EE.UU. y de sus antiguos protectores, el Inter Services Intelligence (el famoso y temido ISI, el servicio secreto paquistaní).
Abdul Ghani Baradar, que únicamente tenía por encima en la jerarquía de su grupo al mulá Omar, el clérigo tuerto que escapó tras la invasión de Afganistán, está siendo interrogado actualmente en Pakistán, donde un portavoz reveló que el detenido ha facilitado ya información útil para la captura de otros dirigentes talibanes.
El diario The New York Times, que fue el primero en dar la noticia, aseguraba en su edición de ayer que conocía la captura de Baradar desde el jueves pasado, pero que había decidido ocultarla, a requerimiento de la Casa Blanca, para no obstaculizar la investigación que se inició tras ese suceso.
Baradar está considerado el planificador de la guerra contra Estados Unidos y la OTAN. Forzosamente, su detención interrumpe una cadena de mando que había conseguido en los últimos meses tomar la iniciativa en el conflicto y, aunque los expertos advierten que los jefes talibanes sobre el terreno gozan de bastante autonomía para tomar decisiones sobre la marcha, es previsible que la pérdida de una figura tan relevante afectará la moral y la organización de los talibanes. Unido a la ofensiva militar que la OTAN conduce en estos momentos en el sur de Afganistán, ésta parece una oportunidad única para revertir el rumbo de la guerra.
Otros elementos significativos de la detención de Baradar se irán manifestando más claramente en los próximos días. El más importante es el del papel de Pakistán. Siempre se dijo que no podría haber una solución en Afganistán sin el apoyo de Pakistán y que los talibanes dejarían de ser una fuerza apreciable si Pakistán se lo propusiese. Baradar es prueba de eso. Se dice que fue protegido por los paquistaníes tras la invasión de 2001, trasladado a Karachi y autorizado a reorganizarse.
Baradar está considerado por EE.UU. como uno de los miembros de la dirección talibán dispuestos a negociar un reparto del poder con el presidente afgano, Hamid Karzai. En una entrevista con el semanario Newsweek, Baradar sugería que él era el auténtico dirigente talibán y que el liderazgo del mulá Omar era más espiritual.
Desde entonces algunas cosas han cambiado. La persistencia y eficacia de los ataques de los aviones sin tripulación norteamericanos han obligado a huir a numerosos dirigentes talibanes en Pakistán y han matado a otros. Además, la presión norteamericana y el recrudecimiento del terrorismo en Pakistán han forzado a Islamabad a romper lazos con sus ex protegidos. Al mismo tiempo, Karzai prosigue gestiones para hacer creíble un proceso de reconciliación al que puedan incorporarse combatientes talibanes.
Son, en fin, multitud de factores que en estos momentos se están moviendo y que, seguramente, van a conducir la guerra afgana en una dirección u otra.