Robert Zoellick
Como consecuencia del devastador terremoto, hubo un aluvión de ayuda internacional para Haití. La primera prioridad ha sido salvar vidas. Esto significa llevar agua, alimentos, refugio, medicinas y otros insumos básicos a las víctimas. Pero, a medida que estabilicemos la respuesta humanitaria, deberemos dar paso a la entrega de servicios básicos y a la reconstrucción y al mismo tiempo aprender las lecciones del pasado.
Luego de cinco misiones de paz, y miles de millones de dólares en ayuda, Haití sigue siendo un país con algunos de los peores indicadores de desarrollo humano en el mundo. Sin embargo sabemos que el progreso es posible. Antes de la serie de huracanes de 2008 y del terremoto de enero, Haití había progresado a través de elecciones pacíficas, mejoras en la crónica inseguridad y una mayor recaudación e inversión. La reconstrucción de Haití requerirá de un compromiso a largo plazo. Cuando las cámaras de televisión se vayan, los donantes no deben partir con ellas. En el pasado, el "cansancio con Haití" fue un obstáculo para el desarrollo comparable con los desastres naturales. ¿Cuáles son las lecciones que debemos aprender?
Los donantes deben trabajar de la mano del gobierno y pueblo haitianos. El gobierno debe mostrar su liderazgo y su compromiso para trabajar de forma conjunta. La asistencia debe ser en forma de donaciones, conectadas a los objetivos haitianos y a crear capacidad local, aun cuando los primeros trabajos dependan de socios regionales e internacionales. Debemos eliminar el peso de la deuda. El año pasado, junto al FMI cancelamos US$ 1200 millones de deuda. Pero aún faltan casi mil millones de dólares adicionales. La deuda con el Banco Mundial representa menos del 4% de esa cifra (unos US$ 38 millones). Inmediatamente anunciamos que no habrán vencimientos de deuda durante los próximos cinco años, y estamos trabajando para la cancelación del resto de esa deuda. Los demás deberían seguir este camino.
Necesitamos de una ayuda más coordinada, menos proyectos para que los donantes se sientan bien consigo mismos, más supervisión, transparencia y rendición de cuentas para generar confianza de que el dinero será utilizado efectivamente. Reconstruir Haití requiere sentido común y estrategia. Podemos respaldar la transición entre la ayuda humanitaria y la reconstrucción a través de un sistema de alimentos o efectivo a cambio de programas de trabajo, y de esta manera pagarles a los haitianos por limpiar y reconstruir la infraestructura, o plantar árboles. Los proyectos comunitarios pueden mejorar las condiciones para la agricultura a pequeña escala, que luego de un tiempo puede reemplazar a los programas de asistencia alimenticia.
La geografía puede ser una oportunidad estratégica para Haití. Situado a mil kilómetros de los Estados Unidos, Haití posee un enorme potencial. A través del acceso a ese mercado a través de la ley HOPE II, Haití puede crear trabajos en el sector de la vestimenta y la agricultura y promocionar a su sector privado mediante la creación de un ambiente propicio para las inversiones y la mejora de la infraestructura. Ya hemos visto casos exitosos. Nuestro brazo para el sector privado, la Corporación Financiera Internacional, ha invertido en Digicel, transformando la cobertura de los teléfonos celulares. Una zona franca cercana a la frontera con la República Dominicana atrajo a varios fabricantes de ropa norteamericanos, creando así miles de puestos de trabajo.
Para que Haití prospere, la legitimidad, la seguridad y el desarrollo deben ir de la mano. Los televidentes ahora entienden lo débil que es el Estado haitiano. Esto abarca no sólo la falta de equipo pesado para remover escombros, sino también su pequeña fuerza policial, el poder judicial, y las dificultades para proporcionar servicios básicos.
Debemos `asegurar el desarrollo` a través de raíces lo suficientemente profundas como para quebrar el ciclo de fragilidad, pobreza y violencia. El ejemplo de Aceh, en Indonesia, podría guiarnos. Hoy en día, cinco años después del tsunami, la reconstrucción de Aceh es un caso exitoso. Se reconstruyeron 140.000 viviendas, se construyeron 4.000 km de caminos, y se dio respaldo a 200.000 pequeñas y medianas empresas. En Aceh, los socios internacionales respaldaron la reconstrucción a través de enfoques coordinados en línea con el liderazgo gubernamental y las prioridades locales. Quince países y organizaciones donantes juntaron USD 700 millones a través de un Fondo de múltiples donantes administrado por el Banco Mundial. En lugar de 15 proyectos separados, se implementó un solo programa muy bien coordinado entre las comunidades, agencias de gobierno, ONG y agencias internacionales. Junto a un fuerte liderazgo haitiano -y al apoyo internacional, coordinado y eficiente- podremos transformar unos días de noticias en una década de éxitos.
Robert B. Zoellick es el presidente del Grupo Banco Mundial.