Repasando los acontecimientos del verano e insistiendo en que las elecciones chilenas dejaron mucho material para la reflexión de los uruguayos, uno de sus aspectos a destacar es el de la condición económica de los candidatos. Adolfo Castells, en "Correo de los Viernes" del 5 de febrero, dice que "la simplificación más común para enfocar la noticia del resultado chileno, es empezar señalando al "multimillonario" Piñera, lo cual es absolutamente cierto: es poseedor de un capital de más de mil millones de dólares, siendo la tercera fortuna de Chile, pero a casi nadie se le ocurre decir que el patrimonio declarado de Frei es de dos mil millones de pesos chilenos, unos cuatro millones de dólares (Tomás Mosciatti, la Entrevista, programa realizado en conjunto por CNN Chile y Bío Bío, La Radio, 18/11/09) y que está lejos de ser "un compañero trabajador, de clase humilde y chacarero".
Fue una puja electoral entre dos verdaderas potencias económicas.
Evidentemente, la mentalidad del pueblo chileno maduró. En el Río de la Plata, y particularmente en nuestro Uruguay, un empresario o un político económicamente exitoso está mal visto. Ser dueño de empresas o hacer buenos negocios, es, en el país de la gran guadaña, un indicio fuerte de corrupción. Por eso hombres valiosos, muchos de los cuales podrían estar dispuestos a sacrificar algunos años de su vida por remuneraciones bajas como las que paga el Estado con tal de aportar su capacidad y su experiencia al país, le huyen a la actividad política porque además de perder dinero con ella, se exponen al manoseo público. El ejemplo de Macri en Argentina, marca una notable excepción. Aquí, todavía quedan algunos héroes capaces de sacar la cabeza para que se la corten, imputándole a su rango social o modo de vivir, el ser la consecuencia de una conducta reprobable. Y eso marca a fuego otra diferencia que explica la ventaja sideral que sacan los chilenos a quienes todavía levantan la bandera de la lucha de clases.
Corriéndonos ahora hacia aquí, y en otro orden de cosas, empiezan los acercamientos entre gobierno y oposición para que ésta ocupe cargos de contralor en la Administración. Este comienzo es más claro que el de cinco años atrás, cuando el Frente Amplio ganó las elecciones con más holgura que el año pasado. En el comienzo de aquel gobierno se ofrecieron cargos al Partido Nacional, la minoría por lejos más mayor. Pero hubo discrepancias y malos entendidos. Así, si bien se llegó a aceptar que en la enseñanza de cinco cargos en el Codicen los blancos tendrían solo uno, lo que no daba otra cosa que para observar lo que se mostrara, cuando llegó el turno del Banco República, Vázquez, con su planillado, ofreció dos cargos, lo que motivó la resistencia de Astori, porque el directorio del BROU con cuatro votos a favor tiene facultades crediticias por montos mayores y otras, que tiene con tres. Al final, se redujo a uno el ofrecimiento, y ello motivó que el nacionalismo rechazara todo.
Ahora es diferente por muchas razones. Porque se enfatiza en que serán posiciones para controlar y no para la gestión del gobierno, y porque también participarán los colorados -con una representación parlamentaria superior a la de antes- y quizá el Partido Independiente. No cayó bien en el nacionalismo el anuncio que el negociador será Astori, a quien se le objeta y con razón por no tener suficiente "cintura" política, inquietud que no se disipa por el anuncio que Mujica será el que le ponga finalmente el moño a los acuerdos. Si es que los hay, agregamos nosotros. Porque primero tendrán que acordar los sectores de los blancos y colorados entre sí, y lo lógico sería que los partidos opositores fueran con una posición coherente a conversar con el gobierno. No será sencillo porque en la cabeza del Partido Colorado hubo innovaciones y para estas tareas se necesita una flexibilidad y amplitud de miras, que no se condicen con la falta de experiencia y el estilo de quien la ocupa, no sin levantar resistencias en sus propias filas.
Veremos.