ALEJANDRO NOGUEIRA
Mujica convocó ayer en el Conrad a los privados a apoyar el desarrollo de Uruguay. Parece consciente con la percepción de que el voluntarismo político y los recursos públicos disponibles no alcanzan -como la izquierda solía creer otrora desde la oposición- para resolver la deuda social, económica y cultural con Uruguay.
El presidente electo despierta -grosso modo- dos tipos de reacciones: adhesión incondicional, casi cholula, argentina, (como dice una colega con gran poder de síntesis: mucha gente se quiere fotografiar con él como si fuera un Papa Noel de shopping), o rechazos vicerales, por "grasa", mal hablado, contradictorio, incongruente, marxista, no democrático, asesino, voluntarista, estatista y amigo de los Kirchner.
Los que fueron ayer al Conrad (y hablaron) no llegaron a sacarse fotos con el presidente electo, pero casi. Bajo tanta efervescencia, los lobos del capitalismo tienen, en realidad, otra mirada sobre el nuevo gobierno. Y esa mirada es, aún, ambigua, cautelosa, suspicaz, aunque públicamente todo sea elogios. No saben si Mujica es real o demagógico, pero sí saben que un líder, por fuerte y carismático que sea, no es un gobierno. Esperan los hechos, más que las palabras.
Si el presidente electo quiere mermar las febles reservas para hacer obra social o de infraestructura, o quiere instalar una soberanía mercosuriana en territorio uruguayo en el puerto de aguas profundas como si Argentina y Brasil no nos agobiaran todos los días con algo nuevo, dudan de su buen juicio. Si un día sí y otro también dispara iniciativas de todos los colores sin explicar de dónde vendrán los recursos, las miradas extranjeras quedarán algo desconcertadas, más allá de la moda actual de muchos políticos, diplomáticos y empresarios de simpatizar con la heterodoxia y "frescura" del próximo presidente uruguayo.
Del acto de ayer sólo hay reacciones oficialistas, pero no de las bases del Frente Amplio que votaron a partir de otro tipo de discursos. Muchos seguramente piensen que es un abrazo más con los "sapos y culebras" de los que se ha jactado el presidente electo antes de llegar al gobierno; otros deben sentirse muy decepcionados. También hay frentistas que piensan que la izquierda cambió, debe cambiar, porque el mundo ha cambiado.
Las miradas de los extranjeros de los que Mujica y el país necesitan no se detendrán en los folclorismos demasiado tiempo. Van a mirar los números, la política laboral, la microeconomía, la báscula diplomática entre Chávez y Lula. Pasada la fiesta puntaesteña de ayer, el 1° de marzo comienza la realidad.