Los saltos del show al mundo de la política

MATÍAS CASTRO

Algunos días atrás la mujer de Will Smith, Jada Pinkett, dio una entrevista, en la que dijo que su esposo no ha abandonado sus planes de hacer política. Aparentemente, sólo los ha postergado porque Obama llegó antes que él a la Casa Blanca.

Esas afirmaciones, combinadas con las críticas que recibió Alejandro Sanz por haberse pronunciado sobre la situación en Venezuela. Se trató de una situación distinta, ya que el español criticó aspectos del gobierno de ese país y un grupo de fanáticas suyas le solicitó que piense primero en cosas personales como en no haber reconocido legalmente a su hijo antes que hablar de lo que ocurre en Venezuela. "Él es un buen cantante, debería quedarse en lo suyo y no meterse en líos políticos", dijo una de las personas que se manifestó sobre el asunto y que dijo, además, ser seguidora de su trabajo.

Si bien ambos casos son muy distintos, vuelven a poner en el tapete la cuestión de los cruces del mundo del espectáculo a la política. No son demasiado frecuentes, pero ocurren periódicamente, y, al menos desde mi punto de vista, suelen apoyarse en egos demasiado inflados gracias a la confianza que crea la popularidad que alguien puede adquirir. Es una confusión frecuente pensar que si mucha gente sigue a un actor o a un cantante significa que tiene potestades para hacer casi cualquier cosa. Habría que medir casos como los de Palito Ortega, Reagan, Schwarzenegger y hasta Gilberto Gil, con todas las diferencias que tienen, para tener algunos puntos de referencias. Según quién emita los juicios, sus trabajos en política pueden ser vistos de distintos modos.

Es claro que en la política pesan cada vez más los medios y la proyección de imagen. Ya no es cuestión solamente de principios, ideologías y objetivos, también está el factor del impacto visual, de la presencia. Un actor o un músico (y no así un escritor), por su estrellato pueden cumplir hoy, más que nunca, con la condición mediática para entrar en la carrera política. Las condiciones de su habilidad para la gestión son cosa aparte.

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