Dejando constancia de los que se fueron

JORGE ABBONDANZA

El cuerpo embalsamado de Eva Perón fue ocultado detrás de la pantalla de un cine de barrio, donde permaneció un tiempo hasta que se optó por despacharlo hacia el norte de Italia para ser depositado en una tumba bajo nombre falso. El episodio pertenece a la novela Santa Evita, quizás el texto más fascinador de Tomás Eloy Martínez, aunque pueda discutirse si fue o no fue su obra maestra. En ese itinerario de una momia tan famosa, el autor mezcló datos de la historia real con algunos componentes imaginarios y encontró -por vía de la intuición, que rara vez falla- el punto exacto en que la fantasía se vuelve creíble y los elementos de la realidad se enlazan mágicamente con la ficción.

Dueño de un estilo narrativo de aclamada elegancia, cuyo aguijón estaba empero clavado en las peores heridas de la vida argentina de las últimas décadas, Martínez (nacido en Tucumán en 1934) frecuentó con varios de sus libros los trances fúnebres de esas etapas, incluyendo la masacre de Trelew y los operativos asesinos de José López Rega, que salpican La novela de Perón y el recuento de su gobierno -junto al de su tercera esposa- en los años 70. Ello demuestra que Tomás Eloy Martínez nunca entornó su ojo crítico ni apagó su ordenada memoria para testimoniar sobre un período truculento, desde Evita en su sarcófago hasta Isabelita patrocinando -al amparo de un gobierno constitucional- las carnicerías de la Triple A, brazo clandestino de un peronismo ya enfermo. Ahora, la muerte de Tomás Eloy Martínez obliga a evocar aquellos momentos y a despedirse de su formidable trayectoria periodística y literaria.

Sin embargo el periodismo rioplatense no sólo fue golpeado por su desaparición, sino que en estos días fue doblemente castigado. Porque en Montevideo murió Miguel Carbajal, nacido en 1937, de cuya partida este diario ya dio la debida noticia. Hace falta haber compartido con Miguel más de cuatro décadas de camaradería (a lo largo de las cinco que él pasó en esta Redacción) para calcular el vacío que deja su muerte en quienes fueron testigos de su camaleónico desempeño profesional, dedicado inicialmente a las reseñas de cine, pero volcado después a notas de alcance internacional. Dentro de su viajero ejercicio periodístico, Carbajal fue corresponsal de El País en conflictos políticos y otros acontecimientos ocurridos en el extranjero y dejó brillantemente documentadas esas experiencias, sin desatender su enfoque de la realidad nacional o su atención a las actividades plásticas en un marco cultural que siempre lo atrajo, a todo lo cual aplicó la versatilidad y la notable soltura de su prosa. Los amigos sufren por el momento la previsible tristeza, pero el recuerdo de su carrera y de sus libros de arte, consigue por suerte levantar un poco el ánimo. Adiós, Miguel.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar