SEBASTIÁN DA SILVA
El veto al Ing. Daniel Martínez es el tema político de la semana, algo que no nos debería de inmiscuir por formar parte de decisiones propias y legítimas de una fuerza política a la cual no pertenecemos, igualmente nos preocupa porque sin comerla ni beberla afectará nuestro diario vivir dentro de los próximos 5 años.
Las razones son muy sencillas, cualquier individuo con sentido común prefiere a los mejores aunque por diferentes circunstancias no lo llegue a votar. Y como el sentido común no abunda en Montevideo es casi de Perogrullo que esta censura y posterior proclamación de Ana Olivera desembocará en el previsible continuismo de desquicio y burocracia con la plata que yo pago de tributos municipales.
En primer lugar la izquierda hace honor a su disciplina prusiana. Sólo con esta lógica alguien con perfil, visibilidad, respaldo político y popular atrás, se baja de una candidatura tan segura. En los laberintos de los estatutos frenteamplistas me imagino la existencia de algunos duendes que en el nombre de la unidad pueden lograr tamaño degüello. Algo que no entiendo debe de ocurrir, mi cabeza de blanco no interpreta, las soberanas razones por las cuales se le impide a un correligionario competir en una carrera electoral, sacramento cumplido incluso en las más sangrientas y hondas divisiones nacionalistas.
Lo segundo, cuando se hace política de carambola suceden estas cosas, es mucho más sencillo seguir la ley de gravedad, tal como los propios frentistas la siguen en 17 departamentos, que tomar decisiones por la negativa. La carambola del Perro de Hortelano, de retirarse, para cocinar a un posible presidenciable, junto con cobrarse alguna cuenta perdida, y coaccionar con un gobierno en formación, sólo se concibe con la soberbia y la impunidad de saberse dueños de una verdad revelada.
Y en tercer lugar, queda claro que el romanticismo de la lucha clandestina, la fraternidad entre los compañeros y militantes de otrora, y el sacrificio honorario para luchar por los ideales, ha quedado en los libros de historia del Frente Amplio.
El paso por el poder, la conquista de parcelas de administración, el apetito por los cargos y el antagonismo entre los diferentes grupos ha quedado de manifiesto.
La muletilla de "Compañero", es lo que único que sigue vigente, el resto es un espléndido jarabe de pico que intenta infructuosamente tapar la salvaje pelea por prevalecer dentro de la izquierda.
Nosotros somos de los que creemos en los ciclos históricos, la ciudadanía eligió por segunda vez esta forma de actuar y de proceder.
El reparto aritmético, el priorizar la interna partidaria a los intereses generales de la población y el asambleísmo permanente, estarán en la agenda cinco años más.
Llegará el día en que aparezca la reacción. Llegará el día que la gente se canse y por supuesto llegará el día de la renovación. Hasta ese entonces tendremos que bancarnos que a más de veinte años de la condena mundial al comunismo, una de sus máximas figuras lleve la hoz y el martillo al segundo cargo de importancia en el Uruguay.