BRASILIA | AFP Y ANSA
Acosado por escándalos de corrupción y mal uso del dinero público, el Congreso brasileño inició ayer el último período de sesiones del mandato del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, antes de las elecciones generales de octubre.
En su discurso de apertura, el presidente del Senado, José Sarney, él mismo protagonista de algunos de los escándalos de 2009, llamó a la transparencia y la moralidad y dijo que la institución atraviesa una "profunda crisis de identidad expuesto a permanente crítica". También pidió emprender reformas pendientes: electoral y tributaria.
Nombramientos irregulares de altos cargos, favores a familiares, fondos no declarados y excesos con el dinero público, como el uso de billetes aéreos que pasearon por todo el mundo a familias enteras de los parlamentarios fueron desmanes que ocuparon titulares en 2009.
Los analistas auguran que difícilmente el Congreso tenga un año de gran actividad, ya que sus legisladores estarán inmersos en la campaña para renovar los 513 escaños de Diputados y 54 de los 81 del Senado. En las elecciones de octubre será electo también el sucesor de Lula.
El principal proyecto pendiente en el Congreso es el paquete de leyes que regularán la explotación de los gigantescos yacimientos petroleros que Brasil descubrió a miles de km bajo el mar y una gruesa capa de sal, y cuyo objetivo es garantizar más ganancias al Estado.
En la Cámara de Diputados no hay acuerdo para votar las tres leyes petroleras clave: la que define el regimen de gestión, la que permitirá capitalizar la estatal Petrobras y la que crea un Fondo Social para financiar proyectos en esa área a partir de los recursos del petróleo, destacó la consultora especializada Congreso en Foco.
El presidente Lula da Silva, que sufrió una suba de presión arterial, comentó en tanto que el resultado positivo de una encuesta sobre su candidata Dilma Rousseff -que subió a 28%- fue una buena noticia para su salud.