Sin parangón

Siguiendo los malos pasos del ex -embajador argentino Hernán Patiño, el senador Jorge Saravia acaba de comparar a José Mujica con José Artigas. Si en boca de un diplomático tal comparación resultó insoportable, este nuevo intento de emparejar al presidente electo con nuestro prócer, formulado por un legislador del propio sector político de Mujica, debe calificarse como una falta de respeto al héroe nacional, además de una muestra de adulonería bastante chocante.

Como es sabido, una debilidad de la izquierda ha sido siempre la de caer en la tentación de propiciar un culto a la personalidad de sus líderes como lo demuestran diversos ejemplos pasados y algunos todavía presentes.

Esa tendencia se acrecienta tras una victoria de las urnas y la inminencia del ascenso al poder en donde se redoblan las alabanzas junto con las expectativas. Todo lo cual debería tener entre nosotros algunos límites definidos por el recato, el sentido común y la consideración hacia las normas usuales de sencillez republicana que conforman la tradición política nacional.

El senador Jorge Saravia tiene todo el derecho a halagar a su líder, José Mujica, pero más le valdría hacerlo sin mezclar en sus elogios al jefe histórico de los orientales, una figura sin parangón, que está por encima de las divisas partidarias y de las rencillas políticas.

Es seguro que ni al propio presidente electo, devoto admirador de Artigas como manifiesta ser, le deben agradar comparaciones tan excesivas. Y menos aun cuando provienen de un dirigente de su grupo, un parlamentario que alcanzó su vértice de notoriedad durante la presente legislatura el día en que propuso enseñar el manejo de armas a los alumnos de Secundaria.

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