El verano es una época favorable para la ficción y las lecturas livianas. Será por eso que, aprovechando el drama bíblico que sufre Haití, el coro habitual de intelectuales amantes de las explicaciones simplonas, se ha lanzado a acusar a Estados Unidos de ser el culpable del drama haitiano, y de estar usando la tragedia para un "proyecto imperialista".
Es probable que nadie roce tanto el ridículo como Hugo Chávez, que habría dicho que el terremoto fue la consecuencia de una nueva arma que desarrolla EE.UU. para "derrotar al Islam". No menos temerario resultó Evo Morales, que denunció el "inhumano, salvaje y oportunista" despliegue de las tropas de Washington, a lo que se sumó penosamente nuestro futuro ministro de Defensa, Luis Rosadilla, manifestando "profunda preocupación" por el despliegue de EE.UU., "un país con vocación casi genética de imperialismo". La teoría de estos iluminados dirigentes es que, para variar, EE.UU. es el culpable de la pobreza de Haití por sus intervenciones históricas en la isla, y ahora aprovecha esto para quedarse con las riquezas del país y evitar una invasión de inmigrantes.
Lo de la riqueza haitiana es inconcebible para cualquiera que haya visto alguna imagen de la vida en el país más pobre del hemisferio. Lo de los inmigrantes requiere un poco más de estudio, pero la respuesta es similar. Según datos oficiales, en 2007 había en EE.UU. unos 38 millones de inmigrantes, de los cuales solo 546 mil eran de origen haitiano. Una mínima fracción. Si observamos que sólo en los 10 años desde el despliegue ordenado por Clinton en el 94, EE.UU. invirtió más de US$ 2 mil millones en ayudas a Haití, vemos que es una cifra desorbitada en comparación con el impacto de la inmigración haitiana en ese país. Además, si Washington fuera a invadir cada país que amenaza llenarlo de inmigrantes, México hace décadas que estaría lleno de marines.
Pero vayamos al tema de la culpa de EE.UU. en el cuadro de pobreza haitiano. La isla de La Española está dividida entre dos países Haití y República Dominicana, ambos con una historia similar de intervenciones "yanquis", dictadores sangrientos y turbulencia política. Comparten similares geografías y condiciones ambientales. Pese a todo lo que se dice de las diferencias de explotación, en 1960 los dos países tenían un PBI per capita casi igual de US$ 800. Pero para 2005, el de Dominicana se había triplicado para llegar a US$ 2.500, mientras el de Haití se había cortado a la mitad y estaba en US$ 430. Hoy Haití tiene un 80% de su población viviendo bajo la línea de pobreza, 70% de los haitianos no tienen un trabajo formal, una expectativa de vida de 60 años y una tasa de mortalidad infantil de 60 por cada mil. En tanto la República Dominicana tiene una tasa de desempleo del 15%, un 42% vive por debajo de la línea de pobreza, la expectativa de vida es de 73 años, y la tasa de mortalidad infantil es de 25 por cada mil nacimientos. No será Suiza, pero al lado de su vecino, es un paraíso.
Esto muestra que la situación actual no es la consecuencia de la explotación colonialista ni el determinismo geográfico y económico, como diría todo marxista de manual. En condiciones de similitud casi de laboratorio, en un momento de la historia estos países tomaron decisiones diferentes que marcaron a fuego su presente. Una explicación interesante acerca de las causas de esta diferenciación se puede encontrar en un estudio hecho por Laura Jaramillo y Cemile Sancak en 2007 para el FMI disponible en internet. Si bien muchos despreciarán algo proveniente de una institución tan imperialista, aunque ahora esté presidida por un socialista francés.
Hoy, cuando los haitianos buscan sepultar su dolor para encarar la enésima reconstrucción de su país, (y hordas de burócratas internacionales se frotan las manos ante la perspectiva de pingües contratos) es lamentable que haya políticos que quieran aprovechar la situación para llevar agua a su molino. Haití necesita para superar su infierno propio una cuota mayor de ayuda y solidaridad, y un poco menos de resentimiento ideológico y especulación política.