BARACK OBAMA
Hemos sido profundamente conmovidos por las escenas de la devastación en Haití, que parten el corazón: padres que buscan a sus hijos e hijas entre los escombros; niños atemorizados y solos que buscan a sus madres y padres. En este momento, zonas enteras de Puerto Príncipe están en ruinas, a medida que las familias buscan refugio en improvisados campamentos. Es una horrenda escena de vidas destrozadas en un país pobre que ya ha sufrido tanto.
En respuesta, ordené un esfuerzo rápido, coordinado y agresivo para salvar vidas en Haití. Hemos lanzado uno de los esfuerzos de ayuda más grandes de la historia reciente. He impartido instrucciones a los jefes de todas las agencias estatales para que nuestra respuesta constituya una prioridad absoluta a lo largo del gobierno federal. Estamos movilizando cada elemento de nuestra capacidad nacional: los recursos de las agencias de desarrollo, la fortaleza de nuestras Fuerzas Armadas y lo más importante, la compasión del pueblo estadounidense. Estamos trabajando estrechamente con el gobierno haitiano, las Naciones Unidas y los numerosos socios internacionales que también están ayudando en este esfuerzo extraordinario.
Actuamos por el bien de miles de ciudadanos estadounidenses que se encuentran en Haití y por sus familias en casa; por el bien del pueblo haitiano que ha sido agobiado por una historia trágica, aunque ha demostrado gran resistencia; y actuamos por los estrechos lazos que tenemos con un vecino que se encuentra a solo poco cientos de kilómetros al Sur.
Pero, por sobre todo, actuamos por un motivo simple: en tiempos trágicos, Estados Unidos da el paso adelante y ayuda. Así somos. Eso es lo que hacemos. Durante décadas, el liderazgo de Estados Unidos ha tenido como fundamento, en parte, el hecho de que no usamos nuestro poderío para sojuzgar a otros, sino que lo usamos para levantarlos, ya sea reconstruyendo a nuestros antiguos adversarios después de la II Guerra Mundial, entregando por aire alimentos y agua al pueblo británico, o ayudando a los pueblos de Bosnia y Kosovo a reconstruir sus vidas y sus naciones.
En ningún momento ello es más cierto que al existir gran peligro y sufrimiento humano. Es por ello, que hemos actuado para ayudar a la gente a combatir el flagelo del VIH/Sida en África o a recuperarse de un tsunami catastrófico en Asia. Cuando mostramos no sólo nuestro poderío, sino también nuestra compasión, el mundo nos mira con una mezcla de respeto y admiración. Eso hace avanzar nuestro liderazgo. Eso muestra el temperamento de nuestro país. Y, es por eso que cada estadounidense puede ver este esfuerzo de ayuda con el orgullo de saber que Estados Unidos actúa en nombre de nuestra humanidad común.
Ahora, nuestros equipos de búsqueda y rescate están en el terreno, sacando gente de entre los escombros. Estadounidenses oriundos de Virginia, California y Florida han trabajado las 24 horas para salvar a personas que no conocían. Nuestros soldados, marineros, pilotos, Marines y efectivos de la Guardia Costera, se desplegaron con rapidez en el lugar. Junto con nuestros civiles, trabajan día y noche para facilitar esta empresa logística masiva: para entregar y distribuir alimentos, agua y medicamentos que salven vidas y para prevenir una catástrofe humanitaria mucho más grande.
Mayor ayuda está en camino. Esta será una operación de rescate y recuperación compleja y difícil, y lleva tiempo movilizar todos los recursos necesarios hacia un ámbito tan devastado. Pero, más equipos de rescate estadounidenses, médicos, enfermeras y paraméditocs arribarán para cuidar a los heridos. Se entregará más agua, alimentos y suministros. Llegó un portaviones. Fue desplegado un hospital flotante. Aviones adicionales y equipo pesado restablecerán las comunicaciones y despejarán las carreteras y los puertos para acelerar la ayuda y apurar la recuperación.
Además, en este nuevo siglo, no podemos resolver ningún gran desafío a solas. En este esfuerzo humanitario, trabajaremos estrechamente con otras naciones, para que nuestra labor en el terreno sea eficiente y eficaz aún bajo lo que son condiciones muy difíciles. Nos uniremos con Naciones Unidas, que ha hecho tanto para dar seguridad y estabilidad a Haití a lo largo de los años, y que ha sufrido pérdidas terribles en esta tragedia. Nos asociaremos con las constelación de organizaciones no gubernamentales que tienen una actuación extensa y estable de trabajo para mejorar la vida del pueblo haitiano.
También resulta importante destacar que todos estos esfuerzos serán impulsados por la contínua buena voluntad y generosidad de los ciudadanos comunes. Los gobiernos, por sí solos, no son suficientes. Un número récord de donaciones ya ha llegado a través de los mensajes de texto. Un torrente de dinero ha llegado a la Cruz Roja y a otras organizaciones de ayuda. Quiero agradecer a los numerosos estadounidenses que ya han contribuido a este esfuerzo. Y, quiero alentar a todos los estadounidenses que quieran ayudar que vayan a la dirección whitehouse.gov para tener más información.
Y, por último, en estos días, meses y años por delante, tendremos la necesidad de trabajar en estrecha colaboración con el gobierno y el pueblo de Haití para reomar el impulso que habían logrado antes del terremoto. Resulta especialmente devastador que esta crisis haya ocurrido en un momento en que -por fin, después de décadas de conflicto e inestabilidad- Haití estaba mostrando señales esperanzadoras de progreso político y económico. En los meses y años por venir, a medida que los temblores desaparezcan y Haití ya no ocupe los títulos de los diarios ni encabece los noticieros centrales, nuestra misión será ayudar al pueblo de Haití a continuar en su camino hacia un futuro más luminoso. Estados Unidos estará allí, junto con el gobierno haitiano y las Naciones Unidas, en cada paso del camino.
Las secuelas de un desastre nos recuerdan que la vida puede ser cruel de una manera inimaginable. Que el dolor y la pérdida con mucha frecuencia golpean sin justicia ni piedad. Que "el tiempo y la suerte" nos ocurre a todos. También es en esos momentos, cuando nos enfrentamos de cara a nuestra propia fragilidad, que descubrimos nuestra humanidad común. Miramos a los ojos del prójimo y nos vemos a nosotros mismos. Por tanto, Estados Unidos liderará al mundo en este esfuerzo humanitario. Así ha sido nuestra historia y así es como responderemos al desafío que está ante nosotros. NEWSWEEK