El presidente electo José Mujica ha venido hablando, desde la semana siguiente al balotaje del 29 de noviembre pasado, de su voluntad de encarar una profunda reforma del Estado.
También se ha escuchado a Mujica comprometerse públicamente con una reforma del sistema educativo nacional, así como anunciar que no le temblará el pulso a la hora de hincar el diente a la siempre intocable Universidad de la República.
Las intenciones del futuro mandatario deben destacarse. Hace mucho que los uruguayos esperan que alguien se anime a encarar seriamente algunas reformas que, aunque impostergables, pasan de administración en administración.
Lo que cabe preguntarse es, precisamente, por qué otros gobiernos, que también hablaron de estos temas y llegaron con las mejores intenciones, no pudieron avanzar lo que hubieran querido en estas reformas.
¿Fue por falta de ganas o porque todos, a su turno, entendieron que si encaraban estas reformas de fondo deberían enfrentarse a poderosos corporativismos que han mostrado, cuando ha correspondido, ser más fuertes que cualquier gobierno y cualquier partido político?
¿Por qué Tabaré Vázquez, que llegó al poder con un inusual apoyo popular y mayoría absoluta en el Parlamento, no encaró estas reformas? ¿Por qué el hombre que libró una lucha sin cuartel contra el tabaco no enfrentó, con igual determinación, a los que resisten cualquier cambio?
Es fácil de explicar. Porque para reformar de verdad el Estado hay que estar dispuesto a enfrentar a los poderosos sindicatos de la Administración Pública y al mismísimo Pit-Cnt. Porque para reformar la educación hay que soportar los embates de los gremios de la Enseñanza. Y porque la Universidad es una vaca sagrada a la que nadie se le anima.
Por encima de los dichos, ¿hasta dónde estará dispuesto Mujica a llegar para concretar en los hechos las reformas que promete?
¿De verdad se animará, para cumplir con lo que promete, a enfrentar a sindicatos y corporativismos a los que la izquierda uruguaya ha alimentado durante tantos y tantos años?
¿Podrá plantarse Mujica firme ante los sindicatos y decirles que ha llegado el tiempo que sean ellos los que cedan? ¿Podrá hacerlo después que Mujica y el Frente Amplio todo han permitido a la dirigencia sindical hacer y deshacer a su antojo?
Y si Mujica cumple con lo que ahora promete, ¿cómo reaccionarán los sindicatos? ¿Lo dejarán avanzar en las reformas que no le han permitido hacer a otros mandatarios y a otros gobiernos? ¿O le pondrán piedras, saldrán a defender la chacrita y resistirán con las armas con que han doblegado las buenas intenciones de otras administraciones?
Habrá que esperar para ver. Pero está claro que si Mujica hace lo que dice, en su camino habrá corporaciones muy fuertes esperando para oponerse. El resto del Frente Amplio, ¿de qué lado estará?
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