Educar y preservar el medioambiente

| Iniciar a los hijos en temas relacionados con la ecología. | Ellos son muy receptivos al cuidado del propio hábitat.

Ana Maria Abel

El cambio climático es un hecho. Su exacta medición y las predicciones certeras distan mucho de ser perfectas. Sin embargo, lo que ha quedado claro después de la controvertida conferencia de la ONU en Copenhague es que, para lograr la buena salud ecológica del planeta tierra, no podemos esperar soluciones eficaces únicamente de los gobiernos. Empecemos por casa.

Nuestros hijos son muy receptivos a lo que se les explica sobre la preservación de la fauna y flora, la urgencia de aire y agua puros, la vigilancia ante exceso de ruido y el desecho de residuos. ¿No podemos desde los hogares apoyar esos conocimientos con pequeñas acciones?

¿Saben nuestros hijos que si, al lavarse los dientes sólo mojan el cepillo al empezar y lo enjuagan al finalizar, ahorran unos 15 litros de agua cada vez? ¿Conocen los artículos de uso doméstico que pueden reciclarse como las latas de aerosol vacías? ¿Les insistimos en desechar las pilas y baterías de mercurio en los recipientes adecuados que suele haber en los supermercados? ¿Son conscientes nuestros jóvenes de la contaminación acústica que pueden causar con la música superior a 65 decibelios? Traspasado ese umbral, el ruido se considera inaceptable pues provoca irritabilidad, insomnio y sordera parcial.

Informar, educar, formar el sentido de responsabilidad de niños y jóvenes pueden ir creando un modelo de actuación ciudadana responsable con la salvaguarda del ambiente.

¿Y a la persona quién la cuida? Más decisiva que la ecología ambiental es la ecología humana. Tan nocivas son para un hábitat adecuadamente humano las emisiones excesivas de CO2, como el vacío o la erosión de valores humanos tales como comprensión, empatía, solidaridad, sinceridad: su ausencia provoca contaminación moral.

La crisis de nuestras sociedades demanda la extensión al hábitat personal del concepto ecológico de salvaguarda del ambiente.

¿Saben nuestros hijos aceptar los caracteres de los hermanos tan diferentes al suyo? ¿Perciben que papá y mamá discuten sin enemistarse y finalizan los intercambios de ideas con un abrazo al menos visual? ¿Ven que tenemos con los olvidos y achaques de los abuelos una actitud paciente y comprensiva? ¿Son conscientes de que la casa sale adelante únicamente con la colaboración de todos? Actitudes similares preservan adecuadamente el hábitat ecológico personal, la familia. Así continuará siendo el ámbito privilegiado donde cada persona recibe valoración incondicional, contención y sentido de pertenencia. Empeñémonos en preservar la vivencia de los valores.

Recuperar tiempos robados.

El Dr. Cristián Conen afirma en su libro "Vínculos", que las vacaciones son oportunas para devolver a la familia tiempos "robados" durante el año. La computadora, el trabajo desmedido pueden haber impedido amar a los nuestros con detalles de escucha atenta y disponibilidad.

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