Lula empieza el 2010 con varios desafíos

Ayer se reintegró; este es su último año como presidente

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BRASILIA | AFP

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva volvió ayer de sus vacaciones para enfrentar su último año al frente de Brasil. Con un 80% de popularidad y sin poder ser reelegido por tercera vez, el mandatario tendrá que enfrentar varios desafíos que incluyen una crisis con los militares, reclamos de varios sectores y una decisión de extradición que puede afectar sus relaciones con la justicia y con Italia.

El principal desafío de Lula será calmar la ira de los militares, irritados con el Programa Nacional de Derechos Humanos, que crea una comisión destinada a investigar los delitos de la dictadura. El ministro de defensa y los comandantes de las tres Fuerzas Armadas amenazaron con dimitir si el plan no incluye investigaciones a la izquierda armada. Por su parte el ministro de Derechos Humanos también amenazó con retirarse si el presidente cede a la presión militar.

Otro embate de Da Silva con los militares se centra en el avión de caza que el gobierno quiere comprar, rechazado por las Fuerzas Armadas.

El mandatario brasileño también necesitará este año habilidad para aplacar el rechazo a su programa de Derechos Humanos, elogiado por organizaciones sociales, pero que ha disgustado a la Iglesia Católica, temerosa de que apoye el aborto; al agronegocio, que considera que impulsa al Movimiento Sin Tierra; y a los medios, que piensan que ataca la libertad de expresión.

"Es un momento de fuerte estrés, y Lula tendrá que adoptar soluciones salomónicas, porque lo que no le interesa ni a él ni a Dilma Rousseff (su candidata presidencial) es un enfrentamiento entre las fuerzas que los apoyan y que necesitan para las elecciones" presidenciales de octubre, afirmó el analista Carlos Lopes, de la consultora Santa Fe Idéias.

El mandatario brasileño "tendrá que tener mucha habilidad política para resolver esa situación", estimó la analista política Lucia Hipólito.

Los desafíos que plantea 2010 son apenas un aperitivo para un año en el que Lula tendrá que arremangarse en una ardua campaña electoral.

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