Bajo las sombras de lo prohibido

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THE NEW YORK TIMES | MICHAEL SLACKMAN

El gobierno de Irán no puede acallar a los cineastas. Lo sigue intentando. Censuran las películas, prohíbe a los directores salir del país o regresar, cancelan proyectos y se los amenaza con castigarlos si sus films son demasiado críticas.

Sin embargo, sigue habiendo películas, así como cineastas. La obra más reciente de Bahman Ghobadi, Nadie sabe sobre los gatos persas, prohibida en Irán aunque circula gratuitamente, presenta un retrato mordaz de la vida a través del prisma de una vibrante escena musical clandestina. La película tiene canciones con letras como: "Esta es Teherán, una ciudad en la que todo lo que ves te seduce, seduce tu alma hasta que te das cuenta que no eres un ser humano, sólo basura``.

La película se llevó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cannes en 2009, convirtiendo a la alfombra roja de un festival cinematográfico internacional en una plataforma para atraer la atención hacia la crisis política en Irán. Cosas similares ocurrieron en Montreal, Berlín, Nuremberg, Bombay y Londres, donde los cineastas iraníes -con su presencia o ausencia obligada por el gobierno- han usado su prominencia para mantener al público centrado en la agitación que ha irritado a Irán desde las elecciones presidenciales de junio, que los opositores al gobierno han denunciado como fraudulentas.

"Matan a personas en mi país, las encarcelan, las torturan y las violan sólo por sus votos``, dijo Mohsen Makhmalbaf, uno de los cineastas iraníes de más renombre, tras aceptar el premio Libertad de Creación en Londres el mes pasado. "Cada premio que recibo significa una oportunidad para ser el eco de sus voces en el mundo, pidiendo democracia para Irán y paz para el mundo``.

El gobierno iraní ha estado atareado luchando en muchos frentes, batallando para imponer el orden en las calles. El fracaso de ese esfuerzo es creciente a medida que usa la fuerza, incluidas la represión letal, la dispersión de manifestaciones a golpes y el amedrentamiento de la oposición para silenciarla. Algunos de los partidarios más radicales del gobierno han empezado a llamar a ejecutar a quienes cuestionen y desobedezcan su voluntad.

El gobierno también actúa en contra de la oposición en formas menos públicas, trabajando para desinfectar los planes de estudio escolares de lo que considera ideas subversivas, como el estudio de las humanidades, y darle poder a una nueva fuerza de ciberpolicía para patrullar Internet.

Blanco. Y ha habido un énfasis en tratar de domesticar a la industria cinematográfica, la que incluso antes de que el gobierno islámico llegara al poder tenía una larga historia como medio de expresión -y exploración- de ideas consideradas tabú por gobiernos autoritarios y una sociedad conservadora. Durante décadas, los cineastas dependieron de la alegoría y el simbolismo para sortear a la censura y provocar que el público pensara.

Durante el reinado del sha, "íbamos a ver películas no sólo para aprender sobre el cine nacional, sino para buscar referencias ocultas sobre la tiranía y la dominación``, explicó Hamid Dabashi, catedrático de Estudios Iraníes y Literatura Comparada de la Universidad de Columbia, quien ha escrito extensamente sobre el cine iraní. Dabashi expresó que el líder supremo de Irán, el ayatollah Alí Jamenei, es muy consciente de la influencia del cine en un país donde se aprecia el arte y a los artistas en todos los rincones de la sociedad. "Recuerda bien cómo las artes, la literatura y la poesía fueron en gran medida el modus operandi en los 1970, que llevó a la revolución``, dijo. "Siempre ha tenido una influencia tremenda, y siempre ha estado ahí``.

Jamenei y el presidente Mahmoud Ahmadineyad han actuado en contra de la industria fílmica como parte de lo que han denominado una "guerra suave`` contra las influencias occidentales en Irán. Javad Shamaghdari, el subsecretario para cine del Ministerio de Cultura y Orientación, anunció el mes pasado que el Presidente presidiría personalmente un nuevo organismo gubernamental para supervisar al cine iraní.

"Hoy, vemos que el enemigo nos está emboscando culturalmente y está incrementando la intensidad de sus ataques``, señaló Shamaghdari, según la agencia de noticias oficial de Irán. "Nuestro cine debe encontrar su lugar, y esto es responsabilidad de los cineastas, asumir este papel``.

El líder supremo sostuvo una reunión con directores cinematográficos a finales del mes pasado, en la que los sermoneó sobre cómo el cine no es realmente arte, sino una herramienta de propaganda política. Dijo que los Oscar (igual que los premios Nobel) "no tienen ningún valor, y los artistas nunca deberían trabajar para hacer películas con el propósito de ganar tales premios".

INTERIOR. Los esfuerzos gubernamentales han tenido resultados internos, donde se han prohibido las películas que exploran cualquier cosa considerada contraria al discurso de la dirigencia. Sin embargo, no ha podido acallar a los propios cineastas. En la reunión con el líder supremo, Mayid Mahidi, el director premiado, reclamó que "no hay respeto por los derechos humanos, y que el gobierno está tan ideológicamente motivado que tenemos atadas las manos``, dijo Jaleh Pirnazar, un catedrático de la Universidad de California, Berkeley.

El gobierno pasó vergüenza cuando un grupo de directores boicoteó su reciente festival de documentales en Teherán porque dijo que no podía mostrar la verdad. Maniyeh Hekmat, una directora famosa, escribió una carta abierta dirigida al Ministerio de Cultura en la que exige que el gobierno le pague el dinero que perdió porque los censores se negaron a permitirle exhibir Sonidos, y la amenazaron con "quemar esta película en frente de los cines``.

El gobierno iraní fue aún más avergonzado el mes pasado, cuando Narges Kalhor de 25 años, hija del asesor cultural de Ahmadinejad, exhibió un cortometraje en el Festival de Cine por los Derechos Humanos de Nuremberg y después anunció que solicitaba asilo político.

Sin embargo, quizá nadie ha hecho tanto por usar su carrera fílmica para promover el apoyo a la oposición que Makhmalbaf, el director de Kandahar, aclamada por la crítica. Cuando aceptó su premio en Londres, lo dedicó al fallecido gran ayatollah Hossein Alí Montazeri, líder espiritual de la oposición.

Makhmalbaf dedicó el premio a la trayectoria que recibió en Nuremberg al clérigo Mehdi Karroubi, un ex candidato presidencial que acusó a las autoridades de violar y sodomizar a jóvenes, hombres y mujeres, detenidos por participar en las protestas postelectorales.

Además de sus créditos fílmicos, Makhmalbaf, igual que Karroubi, tiene una relación personal de peso con el gobierno islámico. Cuando joven, hizo películas que sirvieron a la dirigencia, sólo para desilusionarse y entonces mudarse a Francia, donde hoy vive y trabaja.

Salir del país para protestar

La presión interna ha inspirado a muchos cineastas a exponer sus casos en el extranjero. Detuvieron a Jafar Panahi, quien ganó el mayor premio en el Festival de Cine de Venecia en 2000 por El círculo, una descripción conmovedora del lugar de las mujeres en la sociedad iraní, por participar en una manifestación después de las elecciones. Se presentó en un festival de cine en Montreal este verano boreal, donde pidió a todos los jueces que usaran máscaras verdes, lo que hicieron. El también usó una.

Polémica entre el maestro Kiarostami y su alumno Ghobadi

No todos los directores adoptaron el llamado a criticar. Abbas Kiarostami, cuyos films lo colocaron como el viejo estadista del cine iraní, criticó la decisión de Ghobadi de hacer Nadie sabe sobre los gatos persas sin permiso gubernamental, y después salir del país. Eso desencadenó un debate público sobre el papel del arte en Irán, y si debería tener un elemento sociopolítico.

Kiarostami, cuya El sabor de la cereza ganó la Palma de Oro en Cannes en 1997, fue mentor de Ghobadi, así que la crítica fue particularmente punzante, por lo que éste respondió con una emotiva carta pública a su ex maestro. "¿Sobre qué bases te permites ridiculizar los esfuerzos de cineastas que se unen al pueblo oprimido, usando palabras inaceptables y, peor aún, hablando con la misma voz que la de los dictadores religiosos?``, escribió Ghobadi. El asistente de Ghobadi dijo que él estaba de viaje y no podía hacer comentarios, pero que planeaba regresar pronto. A Berlín, no a Irán.

El talento expulsado y el que queda

Bahman Ghobadi

Exiliado

Cannes lo premió el año pasado por Nadie sabe sobre los gatos persas, una mirada a Teherán a partir de un grupo de músicos. Ahora vive en Alemania.

Moshen Makhmalbaf

Exiliado

El director de "Kandahar" es uno de los cineastas más importantes de su país y padre de colegas igualmente talentosas. Hace poco decidió mudarse a Francia.

Abbas Kiarostami

En Irán

Su maestría es reconocida mundialmente y la poesía de sus películas no han incomodado al régimen. Quizá por eso criticó a algunos colegas que decidieron irse del país.

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