Entre el 5 y el 7 de enero

El 5 de enero, nadie fue a protestar frente a la Intendencia de Montevideo pese a la tragedia que había ocurrido. Ese día, por "presuntas irregularidades u omisiones" de la comuna en la señalización de calles, un ómnibus había atropellado y matado a un motociclista de sólo 34 años, al desviarse y entrar contramano para evadir la "vía blanca" de una feria vecinal en Piedras Blancas. La muerte de un hombre joven no mereció la mínima movilización, pese a la "falta gravísima" que pudo corresponderles a las jerarquías municipales. Nadie se apostó en la explanada, ninguna unidad del transporte hizo sonar su bocina, no hubo corte de 18 de Julio. No hubo nada. Ninguna señal de rebeldía o indignación por lo ocurrido.

El jueves 7 de enero, la justicia, que intervino para determinar responsabilidades por la muerte del motociclista, decretó el procesamiento del conductor del rodado que lo había embestido y… ¡para qué! Se armó el gran revuelo y el Centro de la ciudad tembló.

Decenas de ómnibus se instalaron frente a la sede de la IMM desde las primeras horas de la tarde e hicieron guardia de corrido. Las bocinas sonaron ensordecedoras y en forma ininterrumpida y nuestra principal avenida quedó cortada.

Lo que no había ocurrido frente a la injusta muerte de un hombre se disparó cuando la justicia determinó que el ómnibus -que venía ingresando a Montevideo- circulaba en horas de la tarde por General Flores, a contramano, en dirección al Centro y, al llegar al cruce con Pedro de Mendoza, chocó de frente contra un motociclista que transitaba por el carril correcto en dirección contraria. Julio de León Castellanes, de 34 años, que viajaba en la moto, falleció en el acto según el parte policial. El conductor del ómnibus, de 53 años, quedó detenido por orden judicial mientras se realizaban las pericias del accidente y, antes de que se cumplieran las 48 horas de su detención (plazo constitucional) el juez, a pedido de la fiscal, decretó su procesamiento por "homicidio culposo".

El argumento de los trabajadores del transporte fue que su protesta no era contra el fallo judicial, sino contra la Intendencia, por omitir señalizaciones en un lugar donde el tránsito estaba distorsionado muchas horas antes del accidente, por la presencia de la feria y la víspera de Reyes. Pero ¡oh coincidencia! Ocurrió justo pocas horas después de conocerse el procesamiento. Y no tenemos dudas de que si éste no hubiera ocurrido, no se habría registrado ninguna manifestación frente a las puertas de la comuna, por más que se le atribuyera falta de señalizaciones y por más que la ausencia de éstas hubiera sido la causa de la muerte de un ser humano.

Lamentable como expresión de un sector de la sociedad, y preocupante si pensamos que se trata de profesionales que circulan por las calles, conduciendo vehículos de gran porte que los transforma en invulnerables y prepotentes. Y lamentable también, porque es una nueva exhibición de un gremio que, ante la sospecha de agresión a uno de sus miembros, no duda en paralizar sus actividades cualquier día y en cualquier momento, muchas veces en gélidos inviernos y en el horario que la gente termina de trabajar y busca regresar a sus hogares; que no respetan si los que quedan "colgados" en las paradas son madres que deben atender a sus hijos chicos o son señoras de edad o tienen alguna enfermedad. Detienen sus actividades y ¡chau! Incapaces de esperar una horas en su protesta para que la medida no tome de rehenes a gente inocente cuyo único pecado es tener que trabajar y desplazarse en ómnibus.

El drama es que con ser un gremio que se considera "dueño" de las calles (basta circular por ellas para saberlo), que tiene mucho poder, porque sus medidas afectan directamente al funcionamiento de la sociedad, no deja de ser parte de un tema más amplio que es el de todos los uruguayos. Son una expresión de nuestra sociedad y como tal, un reflejo de ella. Con escasa sensibilidad y poca solidaridad, cada día más egoístas y preocupados sólo por sus problemas y ese mundillo que es el pequeño entorno que los rodea.

Lo demás, no existe y por tanto no interesa.

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