CORRESPONSAL PERMANENTE
DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
"Errores desastrosos", fue la calificación categórica de Barack Obama al finalizar la Conferencia de Crisis con los jerarcas de los servicios de seguridad e inteligencia y su gabinete. El mandatario se refería, con gesto serio y tono molesto, al fracasado intento de volar el aparato de Northwest Airlines en el trayecto de Amsterdam a Detroit y al atentado suicida que provocó la muerte de siete miembros de la CIA en una base especial de seguridad en Afganistán.
Todos los caminos que terminaron en los dramáticos hechos -uno sin víctimas pero que amenazó la vida de 255 pasajeros y otro que sorprendió y despedazó a los "espías" de la CIA- exhibieron un simple cumplimiento del "papeleo burocrático", que fracasó a la hora clave: la del "alerta roja" .
Casi un centenar de periodistas que esperaban la finalización de la reunión convocada por Obama en la Casa Blanca, a lo largo de charlas, intercambio de informaciones y el aporte de algún funcionario que reclamaba anonimato, pudo recomponer los "graves errores" del sistema, distracciones y descoordinación entre las oficinas que integran la cúpula antiterrorista.
En el intento del nigeriano de provocar una explosión en pleno trayecto se nos señaló que existían múltiples pistas. El padre del estudiante de 23 años, un banquero de Nigeria, el 19 de noviembre alertó a los funcionarios de la CIA en ese país sobre su hijo, que se había radicalizado en Yemen y era una amenaza para la seguridad de EE.UU. El trámite burocrático se cumplió al pie de la letra. Se envió aviso al Departamento de Estado y a los mandos de la CIA. El agente en Nigeria también hizo llegar un cable al Centro contraterrorismo, organismo que, aseguran, reunió los datos biográficos y la foto del presunto extremista y los hizo llegar a los dos Centros de Inteligencia y Seguridad. No hubo reacción inmediata. Nadie dio el paso siguiente: incluir a Abdulmutallab en la nómina de prohibición de volar. El Departamento de Estado insertó el nombre del joven en su sistema de visa "Viper", que obliga a una revisión a fondo. No se hizo.
El nigeriano a esta altura de la indagación integraba la Data Mart, con 550 mil nombres dudosos. Pero nadie lo analizó a fondo y el papeleo se estancó. No se dio el paso siguiente de ingresarlo en la lista de "sospechosos" (de 18 mil personas), que recomienda la prohibición de vuelo, ni en la de "peligrosos" (4 mil) que obliga a detenerlos.
¿Cuántos de esos datos llegan diariamente a los centros de información de los servicios?. Se dijo, en la charla entre los medios, que el promedio de visados "Viper" es de uno por día desde las 180 embajadas de EE.UU. en el mundo. Se estima además que de distintas dependencias del gobierno confluyen 12 mil informes cada 24 horas. Con numerosos funcionarios y trabajando con atención y rapidez, hay tiempo de "sonar la alarma". Pero los resortes fallaron.
En tanto lo ocurrido en la base de Khost en Afganistán -con resultados mucho más trágicos- la investigación desnuda "baches" a cada paso. Se sabía que los talibanes manejaban los "doble espías" para los atentados suicidas. Por esa razón los miembros de la CIA tenían la obligación de realizarlos los contactos en el exterior de las bases, en lugares clandestinos o en el interior de camionetas en rutas o calles. Pero los ataques se habían convertido en rutinarios y por seguridad se modificaron últimamente y se arreglaban los encuentros dentro del cerco alambrado de los campamentos americanos. El "espía" afgano concurrió para concertar un encuentro con jerarcas talibanes y la confianza llevó a que no se le sometiera a revisión alguna y pudo ingresar los explosivos .
Sin duda el severo toque de atención dado por Obama esta plenamente justificado. Queda la incertidumbre, ante tantos cabos sueltos, si se podrán conectar a tiempo, como exigió el mandatario, para que no se repitan inaceptables errores en la lucha antiterrorista.