Washington Beltrán Storace
En Cuba, por ejemplo, cuando los medios de comunicación -obviamente que todos oficialistas- se refieren a su Presidente (eufemismo con que designan a sus dictadores, llámense Fidel o Raúl Castro) lo hacen acompañándolo del calificativo "compañero". Es el "compañero Presidente" el que hace, resuelve, decide o habla. Es el único que opina, es la única voz que se escucha, por lo menos de manera pública. Los demás "compañeros" oyen y acatan en silencio. En nuestro país afortunadamente eso no rige, el Presidente es un "ciudadano". Con los mismos derechos que el resto de los habitantes, salvo los que le asigna la Constitución de la República por el cargo que inviste, además de un cúmulo de responsabilidades inherentes a ese mismo cargo.
Como "ciudadano Presidente", Mujica puede expresar libremente sus opiniones. Y como "ciudadanos comunes", el resto de los uruguayos también tienen el mismo derecho. El ideal es que esas opiniones se viertan con respeto, sin estar atribuyendo intenciones aviesas al que las pronuncia. No es descalificando que se logran apoyos y consensos. No es echando culpas -¿de qué?- al socaire que marcha un gobierno.
Pero Mujica ha elegido este camino. Si el país está paralizado, no es su responsabilidad, la tienen otros y él no tiene nada que hacer, salvo opinar. Primero fue la arremetida, al barrer, contra los sindicatos (ahí le acertó), lo neoliberales y hasta los independientes (periodistas y otros). Luego calificó de "oligarcas" a los que compraron en los shopping porque había descuentos que podían llegar a más de un 35% y por último la emprendió contra Ernesto Talvi, Director del prestigioso Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) porque dijo en una conferencia que hay acciones del gobierno que violan el Estado de Derecho.
Vayamos por partes.
¿Son los banqueros (no lo bancarios), los empresarios, los comerciantes, lo productores rurales, lo blancos o los colorados los que están movilizados agresivamente contra el gobierno? ¿O son los sindicatos -estos sí "compañeros" del Presidente- los que se encuentran enfrascados en una disputa muy fuerte contra el gobierno? ¿Acaso no hay gente que, si no está sentada en el gobierno está muy pero muy cerquita a él, que a su vez es la que maneja estos sindicatos? ¿Por qué meter en la misma bolsa a todos, si el foco del problema está claramente identificado?
Más grave es el episodio con Talvi. Ante las críticas que formuló a la marcha del gobierno por la existencia de medidas que "debilitan la calidad de la democracia" y afectan el Estado de Derecho (en realidad no dijo cosas nuevas sino que las expresó todas juntas y le agregó el peso indudable de su prestigio personal), la respuesta del Presidente fue "yo le pediría a Talvi un poquito más de patriotismo".
Bueno. Discúlpeme Presidente pero esto me hace acordar a los feos años de la dictadura, donde el "patriotímetro", ese aparatito que algunos utilizan en base a parámetros desconocidos para determinar quien es más patriota, estaba a la orden del día. Llegamos a estar tan inflamados de fervor patriótico en aquellos días que incluso tuvimos "el año de la orientalidad". La doctrina de la Seguridad Nacional comprendía un lucha contra el debilitamiento de los sentimientos morales y patrióticos. ¿Vamos por el mismo camino? ¿Conoce el señor Presidente algún dictador desalmado, sanguinario, inhumano, que no haya invocado el concepto de "patriota" o de "patria" para justificar sus atropellos? Con esa reflexión se entra en un terreno cenagoso y muy peligroso. Se está reclamando silencios, se está planteando que se callen opiniones porque pueden afectar a lo que el Presidente considera puede afectar a la patria. Y quien dice esas cosas que no le gustan es, entonces, un mal patriota.
¿Es que acaso no se puede discrepar con la verdad oficial por el riesgo de ser acusado de traidor? ¿Quién tiene y en base a qué, autoridad de juzgar quienes son patriotas y quienes no? Por curiosidad no más, ¿cómo se calificaría el pedido de "default" de Tabaré Vázquez -en ese entonces el principal líder de la oposición- durante la crisis del 2002, en instantes en que Uruguay negociaba con sus acreedores?
En momentos en que el pueblo y todos los partidos políticos celebran el 30° aniversario del histórico pronunciamiento del "No", agitar estos fantasmas no parece lo más adecuado. No caigamos en el pecado del populismo de inventar enemigos para encolumnar a seguidores descontentos.
Por otro lado, Talvi no es responsable de las violaciones del Estado de Derecho. Si las enumera, es para que se corrijan y no se insista con ellas porque le hacen un grave daño al país. Complicidad en lo que no está bien es impropio de patriotas. Grave es la actitud condescendiente o timorata de los que asienten todo y son incapaces de señalar los errores.