Aunque el secretario de Justicia estadounidense, Eric Holder, dijo que los 10 espías rusos capturados en su país eran "gente muy importante", en Oriente los expertos se burlaron de su poca pericia y efectividad.
"Esto parece una farsa. O esto no era espionaje, o los espías trabajaban de cualquier manera", resumió Mijaíl Liubimov, coronel del servicio de inteligencia exterior, en el diario popular Komsomolskaya Pravda.
Resulta que los agentes que Estados Unidos canjeó a Rusia el viernes usaban código Morse para transmitir información que era de dominio público y hasta tenían sus fotos en Facebook, algo poco profesional.
Por ejemplo, cuando "Juan Lázaro" (en realidad Mijaíl Vasenkov, de nacionalidad rusa) en una ocasión se quejaba ante su esposa, la periodista peruana Vicky Peláez, de que el centro exterior de inteligencia no confiaba en sus informaciones porque no tenían fuente, ella le aconsejaba que pusiera "el nombre de cualquier político" norteamericano como origen de sus datos.
Los agentes organizaban sus citas de tal modo que el FBI consiguió grabaciones de video y audio de sus contactos, y estaban vigilados las 24 horas del día. Yulia Latinina, cronista de la radio Eco de Moscú, los calificó sin miramientos de integrar una "red de estafadores internacionales que desfalcaban el presupuesto de Rusia con el pretexto de espionaje".
Tal vez la espía más famosa es Anna Chapman, cuyas fotos circularon por todo el mundo. Aunque no se sabe a qué tipo de información secreta pudo acceder, sí se tienen detalles de su vida sentimental con fotografías a la vista, lo que fascinó a la prensa internacional.
"Fotos en redes sociales, entrevistas, es extraño para un agente (...). No había profesionalismo", declaró al diario Trud Gevorg Vartanian, un ex espía y héroe de la caída Unión Soviética. "En este escándalo hay demasiada farsa. La historia de la chica James Bond es ridícula, es evidente que no era una espía", subrayó Igor Atamanenko, agente del contraespionaje, en una entrevista para el Komsomolskaya Pravda.
Para otros especialistas, como Vladimir Yefimovich, un ex agente de inteligencia militar, se podría tratar de una acción deliberada para desprestigiar a los servicios rusos. Y Nikolai Petrov, del Centro Carnegie en Moscú, afirmó que el caso es "surrealista" e ilustra la gran crisis de los servicios especiales.
Desde Estados Unidos, el secretario Holder señaló que los espías representaban una amenaza potencial para el país y que recibieron "cientos de miles de dólares" de Moscú.
Pero a pesar de esto, el vocero de la Casa Blanca Robert Gibbs ratificó que nunca accedieron a información secreta.
"Vigilamos a estas personas desde hace un buen tiempo. Intentaron pero no lograron tener acceso a información confidencial", señaló Gibbs a la cadena NBC. El portavoz añadió que el caso de espionaje no afectó las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Sostuvo que "no cabe duda de que nuestras relaciones con Moscú están mejorando, comparadas con unos años atrás".
Alternativa para huir
Robert M. Baum, abogado de Anna Chapman, dijo que su clienta está en Moscú pero piensa ir a Gran Bretaña "por un tiempo o definitivamente". La mujer tiene pasaporte británico y podría ingresar al Reino, aunque se cree que la Inteligencia inglesa no se lo permitirá.