Antonio Mercader
A partir de mañana la auténtica novedad será la asunción de los 89 alcaldes y no la de los 19 intendentes. Una primicia con incertidumbre y perplejidades pues nadie sabe bien qué harán. Tantas dudas suscitó la Ley de Descentralización que los engendró el año pasado que se necesitaron otras 4 leyes posteriores para hacerla potable, la última de las cuales se aprobó hace pocos días. Un récord en materia de mala legislación.
Ese marco legal tan tornadizo no es el mejor augurio para la gestión de los concejos municipales, esos órganos con cinco miembros a cuyos presidentes se les denomina alcaldes. La pelea para darles recursos propios ya comenzó. En la negociación por el nuevo presupuesto se acordaron unos 60 millones de dólares con destino a alcaldías y gastos sociales. De allí se cobrarán los sueldos, tema este que concitará cada vez más la atención de la gente si se comprueba que los nuevos gobernantes sirven de poco.
El quid de la cuestión es ese precisamente: ¿servirán de algo los alcaldes?
Es posible que sí en ciertas localidades del interior en donde quizás justifiquen este tercer nivel de gobierno que es el municipio. Aunque no se sabe bien -ni las cinco leyes aprobadas lo aclaran- qué se descentraliza con las alcaldías, su actividad puede tener sentido cuando concierne a poblaciones con más de 5.000 habitantes alejadas de las grandes urbes y con múltiples demandas comarcales a atender.
Un alcalde, en coordinación con otros colegas dentro o fuera de su propio departamento, puede llevar adelante ciertos proyectos de desarrollo y hasta apuntalar y mejorar la administración municipal.
En Montevideo, en cambio, su utilidad está en tela de juicio. Por algo la votación por los alcaldes entusiasmó más tierra adentro que en la capital en donde poco más de un tercio del electorado sufragó por ellos, lo que minó su legitimidad desde el arranque. No está claro cuál será en la capital la misión de los ocho alcaldes y cuarenta concejales que mañana asumen y que deberán actuar junto a la intendenta, los ediles y los Centros Comunales Zonales que, no se sabe a santo de qué, seguirán existiendo.
¡Ah!... y sin olvidar al Defensor del Vecino, esa figura creada para socorrer a los capitalinos que, según confesión del actual ocupante del cargo, Fernando Rodríguez, sobrevive en medio de la indiferencia de las autoridades municipales. Hay indicios de que ese podría ser el sino de los alcaldes montevideanos.
Conste que tanto escepticismo sobre la funcionalidad de las alcaldías es compartido por muchos, incluido el Presidente Mujica, quien tildó de "experimento" esta criatura y reconoció que "la población está un poco desconcertada" por su irrupción. No en vano él, al igual que Danilo Astori, sugirieron en su momento postergar el experimento hasta 2015 para poder organizarlo en tiempo y forma. Sin embargo, como es sabido, Tabaré Vázquez, su propulsor, machacó tanto el año pasado con aprobarlo en el Parlamento que al final le hicieron el gusto. Ahora habrá que ver de cuánto nos sirve esta alcaldada y, sobre todo, cuánto nos cuesta.