Asamoah Gyan
En el minuto 120 del partido Uruguay - Ghana, Asamoah Gyan pateó el penal que significaba la victoria del equipo africano, y lo erró. Él conoce la persecución por razones futbolísticas. Ha recibido amenazas de muerte por errar goles y el gobierno de su país le asignó custodia policial. El viernes, la conmoción fue tan profunda que Nelson Mandela transmitió su apoyo a Gyan a través del presidente de la federación, Kwesi Nyantakyi: "Mandela dijo estar orgulloso de nuestros jugadores y de Asamoah, de su esfuerzo y de lo que dio al equipo".
El Pais de Madrid
El fútbol puede glorificar y puede condenar sin remedio. El viernes, el ghanés Asamoah Gyan levantó una mano y pidió concentrar sobre su persona todos los peligros potenciales y algunas de las recompensas. No lo contemplaba un país. Lo contemplaba un mundo cuando reclamó lanzar el penal que, por primera vez en la historia, abriría a una selección africana las puertas de las semifinales de un Mundial. La multitud de africanos congregada en el estadio Soccer City guardó silencio al ver que Gyan mandaba su disparo al travesaño. La tanda de penales subsiguiente eliminó a Ghana ante Uruguay, abrió una herida en el orgullo de muchos africanos y condenó a Gyan.
"No se dice sudafricanos, se dice africanos", explicaba el sábado, en Johanesburgo, un policía que decía ser de la etnia sutu, pero que hablaba también el xhosa y el zulú. África es un laberinto de naciones entretejidas que no siempre congenian y muchas veces colisionan. Sin embargo, el fútbol genera un sentimiento de unidad. La clase de cohesión que experimentaron millones de personas en todo el continente ante el televisor mientras contemplaban el partido que Ghana estuvo a punto de ganar a Uruguay. De haber pasado a las semifinales, habría superado el límite que no pudo traspasar el Camerún de Milla en 1990 ni el Senegal de Fadiga, Diouf y Diop en 2002.
Se habían agotado los 120 minutos de juego, incluida la prórroga, cuando Suárez salvó a Uruguay sacando un tiro de Adiyiah con una mano. Gyan tuvo la victoria en el pie derecho, pero erró. Minutos después, fue el primer ghanés en ejecutar su penal. Lo mandó 20 centímetros más abajo y fue gol. Pero su equipo acabaría hundiéndose con él. Las cámaras rodaron la secuencia de su dolor lacerante, de su llanto desesperado. Ahí había un hombre abatido al que miles de personas perseguirán por el resto de su vida con inoportunos mensajes consoladores, evocadores o, simplemente, malintencionados. ¿Qué podía decir Gyan? "Devolveré este golpe", balbuceó al salir del vestuario después de una larga ducha; "mentalmente, soy fuerte. He tenido el coraje de tirar el penal, lo que, por otra parte, es normal porque soy el encargado de tirarlos. Ahora, él (Suárez) es el héroe en su país".
perseguido. Gyan solo tiene 25 años, pero ya sabe lo que es la persecución social por razones futbolísticas. Durante la clasificación para la Copa de África de 2009 recibió continuas amenazas de muerte tras fallar algunos goles. El gobierno de su país le asignó una escolta policial. Su madre declaró desconsolada: "Los ghaneses son unos desagradecidos. Mi hijo es joven, pero ha hecho cosas muy buenas para la nación. No debería ser tratado así".
Ahora, el peso que cargará sobre sus hombros será mayor. A pesar de lograr tres goles en el Mundial, contra Serbia, Australia y EE.UU., será mucho más recordado por su penal fallado.
No sólo se lo reprocharán en Ghana. Millones de sudafricanos esperaban la victoria de Ghana. Los policías del Soccer City, los hinchas de Sudáfrica, de Zimbabue, de Nigeria o de Mozambique, gente que no siempre convive apaciblemente, gritaron en comunión el gol de Muntari y se humillaron ante el error de Gyan.
"Ya nos respetan"
Antes del encuentro Uruguay - Ghana, Gyan (25) declaró: "No va a ser fácil marcarle un gol a los uruguayos. Yo diría además que tiene a los mejores atacantes del torneo. Será difícil, pero tenemos que hacer que África y nuestro país se sientan orgullosos de nosotros. Ya nos respetan" en el mundo del fútbol, señaló.