Pablo Da Silveira
Los días previos a las vacaciones de julio se vieron sacudidos por una serie de tensas negociaciones motivadas por el recambio de autoridades en ANEP. Durante ese lapso se hizo visible la puja entre corrientes internas del oficialismo, al tiempo que se ponía en evidencia la importancia que tendrán los delegados gremiales en el gobierno de la educación. Describir en detalle lo ocurrido sería tedioso, pero importa extraer algunas conclusiones.
El desenlace de las negociaciones confirmó ante todo el inmenso poder adquirido por los sindicatos de la enseñanza. No sólo ocurre que dos integrantes del Codicen y un integrante de cada consejo desconcentrado hayan sido elegidos por los docentes. Además, buena parte de los consejeros propuestos por el gobierno son antiguos dirigentes de los gremios de la enseñanza.
Podría tratarse de una casualidad, pero el desarrollo de los hechos sugiere otra cosa. Dado que la elección de los miembros de los consejos desconcentrados exige cuatro votos de los cinco que hay en el Codicen, los delegados gremiales tienen poder de veto. Esa fuerza formidable obliga a que el gobierno piense muy bien antes de proponer un nombre.
Al tanto de la situación, el gobierno hizo lo posible para no encrespar a los gremios. Pero sólo lo consiguió en parte. Tres de los nombres originalmente propuestos fueron objetados por los sindicatos. De esos tres candidatos objetados, dos fueron finalmente excluidos. Entre ellos se cuenta el consejero de Secundaria Martín Pasturino, que fue el único que en el período anterior mostró una inclinación a rendir cuentas ante la sociedad.
El nombre que sorteó el rechazo sindical fue el de Wilson Netto como presidente de UTU. Para lograrlo fue necesario el voto de los delegados gremiales en el Codicen, que actuaron en contra de la posición de los sindicatos. Esto parecería mostrar que los delegados gremiales son capaces de actuar con autonomía respecto de las estructuras que los eligieron, pero lo que en realidad muestra es la vigencia de la vieja alianza estratégica entre la izquierda política y el movimiento sindical.
El apoyo de los consejeros gremiales del Codicen a la candidatura de Netto permitió resolver un diferendo interno del Frente Amplio. Y no es raro que los dos delegados se hayan interesado en hacerlo, porque ambos tienen una importante trayectoria dentro de esa fuerza política. Tampoco es seguro que el tibio enojo de los sindicatos sea auténtico. Una vez más, lo que se presenta ante los ciudadanos como una pura representación gremial, esconde en realidad alineamientos partidarios.
El último rasgo llamativo de esta puja es que jamás se habló de educación. Se tuvieron en cuenta los equilibrios dentro del FA, se administró la tensión entre lo político y lo sindical, y se elogió la capacidad de ceder para llegar a acuerdos. Pero nadie dijo cuáles son los objetivos para el próximo quinquenio ni por qué las personas designadas son las más adecuadas para alcanzarlos.
Corporativismo creciente, abuso del doble discurso y obsesión por el poder. Los efectos nefastos de la nueva Ley de Educación empiezan a hacerse visibles.