Es la bandera de todos

Javier García

Son miles, son lindas y nos unen. Las banderas uruguayas crecen en estos días por ciudades y pueblos, los barrios y sus calles. Balcones, casas, autos, ómnibus y hasta pequeñas motos y bicicletas sirven de mástil para que ondee. La pregunta que me hago es si la causa es el Mundial o esa es simplemente la excusa para exteriorizar nuestra condición de uruguayos o mejor aún, de orientales.

No es la primera vez que jugamos en un Mundial y sin embargo en esta ocasión las banderas aparecieron como nunca. De ahí que creo que nuestra participación en el campeonato fue el disparador de algo mucho más profundo que estaba adormecido, quizás hasta por el natural recato que nos caracteriza. No solemos ser muy afectos a gritar nuestras pasiones, por eso es llamativa esta gran alegría que se muestra con banderas que andan por todos lados y hasta en los cachetes de los muchachos y muchachas más jóvenes que son, agrego, los más notorios hinchas de Uruguay, que no es sólo la celeste.

Hay algunos intelectuales que asocian las identidades nacionales con expresiones retrasadas y conservadoras. Abogan por un cosmopolitismo sin cédula de identidad y sin origen. Para estos, la patria es una circunstancia sin valor y la bandera una expresión de nacionalismo aldeano. Para nosotros es imposible crecer y progresar sin saber cual es el punto de partida, de dónde venimos, qué cultura nos abarca, qué clima nos acaricia, qué ríos nos riegan o qué océano nos baña.

Eso hace distintas a las personas, ni mejores ni peores, pero sí moldea particularidades, y por ello las sociedades crecen cuando se integran y se respetan a partir de sus diferencias.

Nosotros somos uruguayos, porque además somos italianos y españoles, polacos, armenios y libaneses, judíos, cristianos y musulmanes, negros y blancos.

Esta manifestación de uruguayez responde también a otro elemento. Es una expresión y un deseo de unidad. Vernos por las calles luciendo todos la misma bandera nos une y eso es también un reclamo de la sociedad en forma silenciosa para que quienes tenemos algún tipo de responsabilidad pongamos esa bandera por encima de todo.

El 2011 será declarado por ley como año de "Celebración del Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental". Todos los partidos políticos coincidimos en no dejar pasar esta oportunidad de festejar nuestros primeros doscientos años. Vamos a hacerlo entre todos los uruguayos y con la presencia en cada recuerdo del primero y más grande de todos nosotros: José Gervasio Artigas.

Sin embargo es una contradicción que mientras aprobamos unánimemente esta celebración, permanezca vigente una disposición del anterior gobierno que unifica las conmemoraciones de todas las fechas patrias en un solo día. Mientras recordamos el proceso libertador, tenemos insólitamente eliminados la conmemoración de las fechas de ese proceso. Insistiremos en corregir ese error.

Hay que escuchar y prolongar este momento más allá del Mundial, que podrá ser sin tantas banderas, pero si con la misma idea.

Que viva este pueblo tan sereno y tan austero que cuando quiere decirnos algo, nos lo dice simplemente izando la bandera nacional.

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