Álvaro Casal
Los periodistas solemos ser adictos a las fechas "redondas". Es decir, los cincuentenarios, centenarios y afines. Y los primeros meses del corriente año nos ofrecieron algo poco usual: dos fechas "redondas" relativas a un personaje notable.
En febrero se cumplieron 120 años del nacimiento de Boris Pasternak y hace pocos días, medio siglo de su fallecimiento.
Boris Leodinovich Pasternak, el escritor ruso que logró el Premio Nobel de Literatura y fama mundial, especialmente a través de su novela "Doctor Zhivago". Claro que hay un amplio sector que seguramente siente una resistencia visceral a la evocación de Pasternak y no es de extrañar que la esquivaran también ahora.
Boris Pasternak era hijo de una famosa pianista y de un destacado pintor que se convirtió del judaísmo al cristianismo ortodoxo. Esa conversión influyó en el joven Boris cuya poesía contiene referencias religiosas. Fue un poeta aplaudido en Rusia, donde ya en 1914 publicó sus versos. Logró vadear la revolución rusa y en la década de los Treinta, consiguió sortear la gran "purga". Los aplausos duraron hasta que, creyendo que el "deshielo" era real, que con la muerte de Stalin se había acabado el estalinismo, se atrevió a dar a conocer su "magnum opus": "Doctor Zhivago".
Una novela extraordinaria, muy personal, repleta de lirismo pero en la cual subyacía una contundente crítica al régimen comunista. Dicen que esta obra fue sacada de Rusia por Isaiah Berlin y publicada por primera vez en italiano en 1957 por Feltrinelli. Luego fue traducida a varios idiomas más y se vendieron miles y miles de ejemplares. La versión estadounidense ocupó durante 26 semanas el primer lugar entre los libros más vendidos según "The New York Times". Casi de inmediato Pasternak ganó, en 1958, el Premio Nobel de Literatura. Rápidamente advirtió lo que aquello significaba.
El 29 de octubre de 1958 en el pleno del Comité Central de la Liga de Juventudes Comunistas, Vladimir Semichastni, instruido directamente por Nikita Khurschev, dijo que Pasternak era una "oveja sarnosa" que se plegaba a los deseos de los enemigos de la Unión Soviética, con "escritos llenos de calumnias".
Concluyó diciendo: "Si comparamos a Pasternak con un cerdo, un cerdo no haría lo que él ha hecho", porque un cerdo "jamás ca... allí donde come".
Aquel discurso llevó a Pasternak al borde del suicidio. Algo que de concretarse habría adelantado muy poco su muerte, registrada en Peredelkino el 30 de mayo de 1960.
Tengo una foto tomada aquel día: en ella se ve a los escritores Andrei Siniavski y Yuri Daniel sacando el sarcófago de la casa.
Ellos también fueron enjuiciados. Pero todos juntos, hermanados con personajes no menos maltratados, como Alexander Solzhenitsyn, colocaron sobre terreno resbaladizo al hoy por fortuna fenecido régimen soviético.
Ese régimen que aunque parezca increíble, mentes extraviadas, ésas a las que personajes como Boris Pasternak les rechinan, han calcado o bien tratan de calcar en nuestra América Latina, tal como se sigue viendo .