Hernán Sorhuet Gelós
Después del estrepitoso fracaso de la reunión cumbre sobre el cambio climático, celebrada en diciembre de 2009 en Copenhague (COP-15), las esperanzas se volcaron a la COP-16 a celebrarse en Cancún a partir del 29 de noviembre de este año.
Aquella reunión se desarrolló en un clima de mucha desconfianza y duros enfrentamientos que alejaron toda posibilidad de lograr un nuevo acuerdo mundial post Kioto (2012).
Como sucede siempre el gran problema es económico, pues implica básicamente que los países industrializados reduzcan notoriamente sus emisiones de gases de efecto invernadero y, además, aporten grandes sumas de dinero para ayudar a los países en desarrollo a mitigar el calentamiento global y, sobre todo, a adaptarse a las graves amenazas del cambio climático, anunciadas por los especialistas de todo el mundo.
Lo rescatable del Acuerdo de Copenhague fue el reconocimiento oficial de la imperiosa necesidad de lograr que el aumento de la temperatura media del planeta no exceda los 2º Celsius. Este techo impediría que los efectos del calentamiento global alcanzaran proporciones muy graves en todos los órdenes.
Faltó el paso siguiente, tan obvio como necesario, que fue fijar las obligaciones de reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero a los principales contaminadores del planeta. En principio este gran desafío se postergó hasta la COP-16 de este año, pero por ahora todo indica que será difícil lograrlo.
En la reciente reunión preparatoria de la cumbre, realizada en Bonn, ocurrieron algunos avances. En primer lugar se desarrollo en un mejor clima de confianza y relacionamiento, algo esencial para hallar soluciones satisfactorias para todos.
Para la región latinoamericana en Bonn se concretó un anhelo buscado desde siempre. Mejoró su peso en las mesas de conversaciones, lo cual significa, entre otras consideraciones, un reconocimiento de su importancia en la relación estratégica entre diversidad biológica y cambio climático.
El hecho más destacado fue el nombramiento de la diplomática costarricense Karen Christiana Figueres como nueva Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Hasta ahora el máximo cargo dentro de la convención lo habían ejercido solamente tres europeos.
Figueres lleva 15 años trabajando activamente en el ámbito de las negociaciones del cambio climático, lo que le ha dado una vasta experiencia y conocimiento del terre-no donde deberá desenvol- ver se como conductora y, esencialmente, mediadora de intereses.
Costa Rica ha sido una nación que ha ganado mucho prestigio en el concierto internacional de las negociaciones sobre cambio climático, por su decidido compromiso con la producción limpia, la conservación de la diversidad biológica y otras posturas afines que priorizan el cuidado ambiental por encima de éxitos económicos no sustentables.
Mucha expectativa genera la cumbre de Cancún pues un nuevo fracaso sería muy peligroso para el futuro de todos.