Si alguien pretende entender o interpretar los resultados de las elecciones municipales a la luz de la ocurrido en las elecciones nacionales, se equivoca y feo. Lógico que hay "un efecto arrastre" que juega a favor del ganador y una identificación con partidos, aunque bastante minoritaria. Pero la realidad dice que las municipales -con excepción de Montevideo que es un caso distinto y único- son 18 elecciones diferentes, donde lo que importa es la gestión del Intendente. Habrá premio o castigo inmediato según lo que haya hecho o dejado de hacer.
El triunfalismo que ganó al Frente Amplio tras la victoria de Mujica nunca tuvo presente este elemento, como tampoco lo tuvo presente la dirigencia del Partido Colorado instalada en la capital, que buscó sancionar a aquellos dirigentes que hacían acuerdos con su adversario tradicional. Como contrapartida -y corresponde destacarlo- el Partido Nacional no intervino en la muy personal decisión de sus dirigentes de apoyar en Salto al candidato del Partido Colorado, aunque le significara una estrepitosa caída en el número de votos. Porque si lo hubiera intentado, el resultado era exactamente el mismo: para Intendente -en el sabio interior del país- se privilegia primero al candidato y luego al Partido.
Si su gestión fue buena será reelecto y si constitucionalmente no puede ser reelecto se optará por alguien muy cercano a él, que haya integrado su equipo. Si en cambio su gestión fue mala, se busca a quien le abra la puerta para que se vaya y ocupe su lugar, que será aquél que los vecinos ven por sus características personales, como mejor administrador de su departamento.
Y en este comparativo de gestiones municipales, el triunfador volvió a ser el Partido Nacional. Aguantó los coletazos del efecto arrastre de Mujica y hasta un crecimiento del Partido Colorado impulsado desde Montevideo y no sólo mantenía los departamentos logrados en el 2005 (con la lógica excepción de Artigas que al influjo Bella Unión-ALUR pasaba a manos del FA), sino que recuperaba Treinta y Tres y daba pelea en Paysandú y Florida, en tanto los colorados retenían Rivera e iban adelante en Salto. El Frente mantuvo sin problema Rocha, Maldonado y Canelones, aunque en éste último registró una caída del 10%.
Montevideo es tema aparte. Aquí sigue priorizándose la identificación partidaria por encima de un juicio a la gestión. Desde su triunfo en 1989 ha sido el cerno duro del FA y ni siquiera la presencia de una candidata que no entusiasmó a nadie, designada de manera irritante, puso en peligro su triunfo, aunque su porcentaje de votación estuvo muy por debajo de comicios anteriores.
Para destacar:
-El fracaso de las alcaldías en Montevideo. El Parlamento debe actuar con mayor responsabilidad y no sancionar una ley por mero capricho o para hacerle el gusto al ex presidente Vázquez ni a nadie. Seamos un poco más cuidadosos con los temas electorales. Las cifras son harto elocuentes y la idiosincrasia del montevideano y su forma de vida dicen que estos inventos son absurdos.
-La cantidad de votos en blanco en Canelones, Montevideo y Maldonado, habla bien a las claras que los ciudadanos no estaban satisfechos con ninguno de los candidatos. La sanción fue varios miles de sufragios que no fueron para nadie.
-El clima de madurez y cultura cívica que caracterizó la jornada. No hubo problemas durante el día y a la noche los vencedores festejaron con corrección y los vencidos aceptaron con hidalguía su derrota. No es poca cosa, en una sociedad que se muestra demasiado seguido, violenta y fragmentada. Fue el último voto de la temporada electoral 2009-2010. La urna se cerró por fin.