LEONARDO GUZMÁN
Al acompañar a Néstor Kirchner como Secretario General de Unasur, el Presidente Mujica tomó, a su decir, un camino con fuerte "costo político".
Es costoso, sí, pero muy por encima de la política. "Todos a una" tenemos fresca la impronta que nos dejó Kirchner cuando habilitó que un piquete atropellase la libertad ambulatoria de uruguayos y argentinos, violando las Constituciones de unos y otros, el Tratado del Mercosur, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el sentido común.
Y además, es costoso porque el Dr. Kirchner vive cuestionado en su tierra, donde -como dijimos en Radio Colonia- es "mucho más un crisol de polémicas que un símbolo de acuerdo y entendimiento, por lo cual su figura no parece apropiada para presidir un organismo que tanto pretende `unificar` que hasta se llama `Unasur` ". Consumado el hecho, miramos al horizonte y deseamos que el sacrificio del voto uruguayo sirva para terminar con la aberración de un puente cerrado por una minoría que acaba de perder su pleito contra la planta de celulosa por la razón del artillero: no contamina.
La fundamentación de la postura del Uruguay fue una apuesta a futuro. Pero en la breve alocución no debe pasar inadvertido que el Presidente dijo y reiteró que el Uruguay es un país "pequeño". Semejante calificación debe dolernos más que la Secretaría de un organismo a medio nacer, los análisis de aguas y la sentencia de La Haya, puesto que se refiere a nuestra identidad ante nuestra conciencia y ante el concierto de las naciones. Y eso no depende de otros sino de nosotros mismos.
Ha sido frecuente escuchar que el Uruguay carece de fuerza y capacidad por ser un país chico. Décadas atrás, algunos hasta pusieron en duda que fuera viable. Y a unos cuantos, cruzando ternura, desesperanza, disculpa y decadencia les dio por llamarlo "paisito".
La realidad es que como nación el Uruguay debió abrirse paso entre dos colosos -el Brasil, 8:500.000 y la Argentina 2:700.000 kilómetros cuadrados- y en ese forcejeo radicó su fuerza, su grandeza y su conciencia del Derecho.
La realidad es que 180.000 kilómetros cuadrados nos colocan en el lugar 90º entre 247 estados, sensiblemente por encima del promedio; y en valores absolutos esa superficie no es comparativamente poca cosa: con poco más o mucho menos son admirables Gran Bretaña, 240.000; Nueva Zelanda, 260.000; Corea del Sur, 98.000; Suiza, 41.000; Bélgica, 30.000…
Y sobre todo: la realidad es que contra los pesimismos y las resignaciones se alza la historia del Uruguay, grandiosa desde mucho antes de darse una Constitución. Cuando muchos querían a América monárquica y centralizada, la Banda Oriental se anticipó -1813- a definirse republicana y federal. Cuando el unicato generaba dictaduras y corruptelas, Uruguay recortó los poderes del Presidente y hasta suprimió la presidencia. Por su democracia y su legislación social, la República estuvo a la cabeza del continente y muchas veces fue oasis de libertad entre dictaduras. Por eso, nos gustará no volver a oír a ninguna voz oficial en plan de achique.
"Ha sido frecuente escuchar que Uruguay carece de fuerza por ser un país chico".