Ver para creer

Posiblemente hablar del tema no sea oportuno, porque de alguna manera puede interpretarse como darle pasto a las fieras. Pero en el caso, ni de una fiera se trata -que al fin y al cabo ataca por instinto de ferocidad- sino de una inconsciencia humana. No tanto de su autor sino de quienes se prestan a hacer declaraciones infelices.

Nos referimos concretamente a lo que se le ha llamado "libro" sobre "la derrota" del Partido Nacional, que saldrá a la venta con publicidad anticipada, de tono bastante sensacionalista que ataca de todas las maneras posibles al Partido Nacional, en la persona de quienes son sus principales figuras, los integrantes de su fórmula presidencial.

Ante los comentarios sobre el proceder de uno de ellos y el intento de desprestigiar a su familia, no vamos a decir una palabra simplemente por respeto. Los aludidos sabrán lo que tienen que hacer. Lo que importa es el ataque al Partido con una referencia que pretende desjerarquizar el gesto de grandeza del senador Larrañaga, al decidir espontáneamente, no bien conocido el resultado de las primarias, aceptar el ofrecimiento del ocasional vencedor y acompañarlo con su candidatura a la Vicepresidencia de la República. De lo que hablaron dos personas, sin testigos, nadie puede tener pruebas. Y es desleal -por emplear un término benévolo- pretender obligar a alguien a producir prueba negativa.

Puede y debe estar tranquilo el senador Larrañaga, los nacionalistas y los uruguayos bien nacidos de este país, no son afectos a la práctica del Santo Oficio en los tiempos de la Inquisición.

Lejos de sentirse en el trance de creer o morir, lo que corresponde es ver para creer: y su trayectoria pública es bien conocida por todos.

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