Las restricciones energéticas están entre nosotros. Tienen plena vigencia. De la primera etapa, que las había hecho obligatorias en los servicios públicos, el Poder Ejecutivo se deslizó a la segunda fase, donde la obligatoriedad alcanza al sector privado, con la posibilidad de sanciones por incumplimiento. Otra vuelta de tuerca, a la que pueden seguir más.
Todo esto, previsto, se produce en versión corregida y aumentada. Por ejemplo, a mediados de abril la falta de lluvias llevó a niveles críticos las represas de Salto Grande y el Río Negro, lo cual condujo a que las plantas térmicas funcionaran a un ritmo mayor, con un costo de generación que se creyó sería de unos tres millones de dólares diarios. Pero en los últimos días, el costo de UTE para satisfacer la demanda, trepó hasta los US$ 4,7 millones por día.
Las restricciones decretadas incluyen limitaciones al número de ascensores y escaleras mecánicas en uso, encendido de marquesinas, iluminaciones exteriores y de decoración. Aunque no regulan lo que tiene que ver con el interior de los hogares y las luces que se enciendan por razones de seguridad, pueden descontarse cuestiones penosas: habrá no solo un descenso de la actividad industrial y comercial, sino también una acrecida inseguridad. Algo muy grave en el ámbito uruguayo, jaqueado por el delito que, obviamente, encontrará un terreno más propicio a medida que aumente la penumbra.
A ello se adicionará que el alza en el costo de la energía, golpeará al bolsillo de todos los habitantes del territorio nacional. Ya se aplicó un aumento importante, vigente a partir del 1º de mayo, en el precio del gas natural que se distribuye por cañería. A eso siguió el alza de los combustibles de Ancap y muy probablemente ahora vendrá el alza de tarifas de UTE.
Es evidente que no se puede responsabilizar de la sequía al elenco "progresista". Sí de la falta de previsión. Desde que asumieron los actuales gobernantes, el 1º de marzo de 2005, fueron omisos en previsiones para contingencias como la de hoy. En el invierno de 2006 hubo ya dificultades parecidas, pero ni siquiera eso los llevó a trazar un programa energético razonable. Así estamos.