ANTONIO MERCADER
La reunión de blancos y colorados con vistas a las municipales de mayo sigue adelante esta vez con el acuerdo anudado en San José por Juan Chiruchi antes de dejar la intendencia. Político pragmático, Chiruchi concretó un pacto electoral con el dirigente colorado Francisco Zunino. Así, San José se agregó a la lista encabezada por Rocha, un departamento en donde el nacionalista José Carlos Cardoso ya concertó una alianza similar.
El realismo político inspira estas actitudes que labran la senda de unidad que los partidos tradicionales recorrerán -indefectiblemente- en el futuro si quieren vencer a la coalición de partidos de izquierda. Lo impone la "lógica binaria" impuesta por el mecanismo del balotaje que induce al electorado a partirse en dos mitades. De este modo, tales uniones anticipan en el plano departamental lo que pasará a mayor escala en las elecciones nacionales. Cuanto antes lo comprendan los dirigentes blancos y colorados mejor será.
Chiruchi es pionero en ello puesto que su alianza con el colorado Zunino tenía sus antecedentes. En este caso, el acuerdo obrará en pro de la candidatura de José Luis Falero, hombre de confianza de Chiruchi y hasta ahora el número dos de la comuna. Las cifras del año pasado confirman el acierto del pacto, pues si bien en la primera vuelta de octubre la izquierda aventajó al partido Nacional, en la segunda vuelta los votos sumados de blancos y colorados fueron mayoría.
En caso de triunfar, Falero heredará una intendencia en situación ejemplar, con un estado de cuentas sin parangón entre sus similares de todo el país. Baste decir que prácticamente la mitad del presupuesto de la intendencia de San José se destina a inversiones, en tanto se asigna un tercio del total a pagar sueldos. Los porcentajes usuales en las intendencias suelen darse a la inversa, es decir que los pagos a la burocracia municipal se devoran la porción mayor de los recursos.
Al respecto se recuerda que tiempo atrás, en una presentación conjunta en ADM, Chiruchi dejó boquiabiertos a sus colegas de Montevideo y Canelones, Ricardo Ehrlich y Marcos Carámbula, cuando tras repasar esas cifras de su gestión concluyó diciendo que en su administración había "sólo 696 funcionarios, un único auto oficial, dos celulares a cuenta de la intendencia y ninguna deuda con proveedores". Un récord que sus dos colegas, aún guardando las proporciones,están lejos de igualar.
Como cierre de su mandato Chiruchi reabrió el teatro Macció, un emblema artístico del interior del país. Aparte de las razones afectivas que lo llevaron a concluir allí su carrera comunal (fue el sitio de su primer empleo como funcionario municipal), hay que resaltar la significación cultural del acto. En aquel teatro construido a todo lujo un siglo atrás y hoy finamente restaurado, Chiruchi se despidió de su gente acompañado por el presidente electo, José Mujica, y por los ex presidentes Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, entre otras figuras políticas.
Un final a toda orquesta para una intendencia modelo que merece mantenerse incólume, en la línea trazada por el intendente saliente.