SEBASTIÁN DA SILVA
Hay momentos que unos pocos elegidos pueden llegar a vivir, y ese momento le está llegando a José Mujica. Es cuando, por imperio de la realidad, pasa de ser el Pepe, a transformarse en el Presidente de la República. En los muchos libros que tuve la oportunidad de leer, esa denominada soledad del poder, es abrumadora. Algunos la comparan con la sensación de estar frente a un hijo recién nacido, donde al primer llanto queda claro que esa criaturita depende de uno para desarrollarse y vivir con salud.
Ser presidente en esta época es mucho más complejo. Antes alguno se podía dar el lujo de sacarse algunos caprichos, de imponer alguna medida poco ortodoxa o los menos republicanos, pretender hacer un gobierno de culto personal. Ahora todo cambió.
El sistema institucional es interminable; a la misma vez hay que pagar los sueldos, las jubilaciones y mantener el horizonte económico despejado de sorpresas. Cada frase, cada actitud, cada firma, es analizado por el sistema político, y estar a merced del orden judicial, sino que los mismos son analizados en profundidad por analistas de las más variadas especies que desmenuzan los puntos y comas de las acciones gubernamentales para justificar sus abultados salarios.
Con ese conjunto de acciones entrelazadas se genera el "clima" para hacer o no hacer cosas en el Uruguay. Basta un informe negativo de alguien que probablemente no conozca la idiosincrasia nacional y mucho menos las aristas de nuestro futuro mandatario para que decida no invertir una suma considerable y que muchos uruguayos queden sin esa posibilidad laboral.
Quizás por estas circunstancias, es que fue muy auspiciosa la reunión de empresarios en el Conrad.
El haber hecho un discurso no innovador, típicamente presidencial y de promoción de las virtudes nacionales para que la gente arriesgue su capital en el país, lo coloca a José Mujica inmediatamente, del lado de los que tienen esa responsabilidad de la que veníamos hablando. Es obvio que al inicio de un mandato, el encargado de dirigir los destinos ciudadanos debe de generar confianza, pero para el caso particular de nuestro futuro mandatario, dejar claramente establecido en castellano puro y duro, una señera tradición de promoción y respeto a las inversiones, garantiza que habrá sentido común al tomar ciertas decisiones.
Cuando uno analiza a la izquierda, hay cosas que no me quedan claras. Un amigo frentista, Diego Cánepa, designado futuro Pro Secretario de la Presidencia, me dice que por mi formación nacionalista no las voy a entender nunca y que hay que poner cabeza de izquierda para analizar estas realidades.
Hice un ejercicio de metamorfosis y estoy sacando la conclusión de que lo mejor de las palabras en el Conrad, es el efecto hacia la interna misma del gobierno.
Siguiendo esta lógica, es que a partir del miércoles 10 de febrero la "barra" tendrá que memorizar estas palabras y permitir que la voluntad de su líder se cumpla. Si esto se logra será mucho más positivo que mil inversiones, será una verdadera transformación, que sólo el Presidente está en condiciones de modificar.
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