RICARDO REILLY SALAVERRI
Los economistas distinguen entre las exportaciones visibles y las invisibles. Las primeras suponen el traslado de mercaderías o de servicios. Las segundas se nutren del turismo. Cada turista que viene del extranjero al Uruguay consume bienes y servicios y deja divisas. Esto genera trabajo y es parte de un negocio a partir del cual hay países que han consolidado su desarrollo como es el caso de España.
Todo el Uruguay tiene potencialidades para el turismo. Punta del Este es un buque insignia, pero las termas del norte, o el departamento de Colonia, son expresiones de la mencionada capacidad.
Durante la pasada campaña electoral, más de un candidato expresó su voluntad de contribuir al desarrollo turístico del departamento de Rocha. Y el presidente electo, José Mujica, manejó el concepto de apoyar las iniciativas orientadas al impulso de las inversiones y el avance de las inquietudes que multipliquen el caudal turístico de la costa rochense y atlántica.
Una resolución del Poder Ejecutivo del 2 de marzo de 2009, firmada por el Presidente Tabaré Vázquez, y que luce la firma de los intendentes municipales de Maldonado y de Rocha, aprobó un convenio celebrado entre inversores privados y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, que en lo fundamental apunta a que los privados hagan la inversión necesaria para la construcción de un puente, en la Ruta 10, sobre la Laguna Garzón. Actualmente el cruce en el paraje mencionado se hace en lanchones que tienen su sabor folclórico, pero que son un resabio arcaico injustificado. Especialmente cuando hay emprendedores privados que están dispuestos a hacer la inversión y regalarle el puente al Estado uruguayo (a todos nosotros).
Lo que se viene de comentar es de fácil comprensión y, el citado puente, significa una realidad que va a revolucionar la realidad rochense. Hace unos días preguntaba a gente amiga de la zona por qué no está hecho el puente, cuando el Poder Ejecutivo y los dos intendentes con jurisdicción en el lugar, aprobaron el 2 de marzo del año pasado el proyecto. Así se me ha hecho llegar una resolución del Ministerio de Vivienda. Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, concretamente de la Dirección Nacional de Medio Ambiente, que es un monumento a la burocracia, por el cual se buscan todos los pelos imaginables en la leche y que ha permitido a una oficina privar al país del empuje que la iniciativa aludida supone. La cuestión ha derivado en nutridos informes técnicos, gastos monumentales e inútiles para quienes lo que quieren es ayudar al crecimiento del país, y por medio de un puente generar expectativas harto beneficiosas para nuestra gente.
Lo único que cabe es aplicar el sentido común, dejar los papeleos que engordan a los burócratas y enflaquecen el destino nacional, y mandar que se haga el puente que no causa daño a nadie. El presidente electo, a un paso de asumir como Presidente de la República, tiene la oportunidad de hacer que el puente se haga. Hay muchísimos proyectos que están estancados a la espera de que la obra citada se realice sin costo alguno para los contribuyentes. Es la hora. Rocha ¡Sí!