GUSTAVO PENADÉS
La prensa internacional daba a conocer días pasados la muerte de dos jóvenes venezolanos, de 15 y 28 años, víctima de la violencia política que sufre ese país. Esta vez, las manifestaciones, que comprendieron numerosas ciudades venezolanas, se originaron en las protestas contra el presidente Chávez por su decisión de clausurar nuevamente la emisora Radio Caracas Televisión. Como se recordará, en 2007, por la vía de no renovar su concesión, el gobierno había quitado del aire a esa importante y tradicional emisora la que, para poder seguir funcionando, se transformó en una señal internacional distribuida por cable. Como telón de fondo, las medidas expropiatorias de supermercados; las amenazas a organizaciones religiosas católicas y no católicas de asumir el control de sus colegios e instituciones de ayuda, el cierre de otros medios de comunicación… También, en estos días, se cumple un año de los atentados cometidos por comandos contra instituciones de la colectividad judía venezolana.
Hechos y circunstancias tan desgraciadas como las que veníamos de apuntar nos permiten reflexionar en variadas direcciones. Uno es sin duda el que tiene que ver con la continua amenaza a quienes piensan diferente y lo manifiestan por medio de los medios de comunicación. Permanentemente, medios oficialistas insisten en "planes", "conjuras", "ataques" programados desde el "imperio" y con la excusa de silenciar a sus cómplices van quedando por el camino los medios de comunicación, a la vez que exacerban los ánimos y crece la polarización de la ciudadanía.
Pero sin duda y sin perjuicio de otras muchas lecturas posibles hay dos muertos más; dos jóvenes que perdieron su vida en enfrentamientos entre gobierno y oposición; son el testimonio del clima de violencia e incomprensión de la sociedad venezolana.
Los estudiantes, y los jóvenes en general, han sido hasta ahora uno de los puntales de la resistencia de grandes sectores de la sociedad venezolana a las políticas de su presidente. Año tras año vienen movilizándose y en cada ocasión en que juzgan que está en juego la libertad se lanzan abiertamente a defenderla. Así, han estado presentes con su accionar en los, plebiscitos, elecciones, transformando en numerosas ocasiones sus lugares de estudio en valerosos centros de resistencia al chavismo.
Llama la atención que en nuestro Uruguay, cuando tantas veces hemos oído la setentista consigna de "obreros y estudiantes unidos y adelante" no se alcen voces desde las centrales de estudiantes y de trabajadores para condenar esas muertes. No vemos campañas ni de la FEUU ni del PIT CNT para pedirle al gobierno venezolano que inicie un proceso de pacificación; que las víctimas eran una chavista y la otra opositora.
En estos casos es frecuente que los dirigentes se hagan los desentendidos y miren para otro lado. Se les hace difícil condenar un régimen que por otro lado se ve como amigo En verdad, esas muertes, no son otra cosa que la consecuencia de la intolerancia y del mesianismo, episodios que Uruguay tristemente sufrió y que, felizmente, logró dejar atrás.
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