RUBEN LOZA AGUERREBERE
Decía Torrente Ballester que toda ficción engendra una segunda ficción: la del lector.
En los ribetes de la adolescencia comenzamos a amar a París, que se imponía, entre literaria y real, como el territorio ideal para el aprendizaje literario. Pero los escritores franceses en aquellos días no eran los más influyentes. Hoy, cuando uno cuenta amigos allá como el académico Jean d`Ormesson, Jean Daniel (director de "Le Nouvel Observateur") y Alain Finkielkraut, otro es el panorama. Hablo de la adolescencia, cuando los autores americanos afiliados a la "generación perdida" eran los que atraían y mayor influencia ejercieron en la cultura hispanoamericana. Los días que Hemingway evocó en "París era una fiesta", por ejemplo. Luego llegaron los escritores latinoamericanos, embebidos en esa tradición. Vinieron a desmentirnos la inexistencia del París soñado, tan otoñal como seductor.
Pero había varios novelistas franceses que apresaban esa atmósfera, ese arco iris seductor, junto con los iberoamericanos. Y en ese mundo que he tratado de dibujar, hacía sus primeras letras, Patrick Modiano, ganador del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa (1972), y más tarde, en 1978 también del Premio Goncourt con su disfrutable novela (acaba de reeditarse, y nos apresuramos a recomendarla) llamada "La calle de las tiendas oscuras" (Anagrama/ Gussi). Y con ésta, han llega-do otras novelas de Patrick Modiano, las más recientes: "Un pedigrí" y, más cercana aún, "Villa Triste" (Anagrama/Gussi).
Patrick Modiano piensa que la juventud es una etapa donde se busca conjurar rápidamente las vagas sensaciones de opresión, que son muy vulnerables, y donde la fascinación y la melancolía están latentes.
En este sentido, estas tres novelas están impregnadas de esos colores átonos y matizadas por el gris de París, que bien conocemos, con sus plazas de puntiagudos árboles y cuyos bancos suelen ser la cama de algunos personajes que ambulan por sus novelas. Digamos, además, que no es la clave de este escritor esa especulación que ha ido fatigándose con los años, la del lenguaje seudofilosófico. No. Modiano es uno de los novelistas que nos reconcilia con el placer de leer, y con ciertas verdades eternas.
Uno de los obstáculos que Modiano ha debido vencer es la edad. Fue un escritor de fama precoz, lo que en literatura, dicen, suele provocar más desconcierto que ayuda, porque hacia quienes la sienten nace un ligero desdén. Pero hoy, con "Un pedigrí", donde nos habla de su infancia y juventud, y con "Villa Triste" donde se refiere a los días de esa juventud en los años sesenta, ha pasado a ser un escritor de primera fila.
Memorias, recuerdos imaginarios, imprecisas fronteras del ayer, están presentes en estas tres novelas que ayudan a interpretar el presente. Lo demás es metáfora, metamorfosis y máscara. Y allí, el hombre, como juguete de su furor monótono.